sensaciones y pensamientos


Escrituras



18.2.13

Puntos de pasaje



Del otro lado

Para muchos hechos, bien valen algunos dichos, que pueden nacer como preámbulo de una entrega a la acción que nos construye, con preciosa desmesura.


Diego Oscar Ramos


Si te contara lo que es. Si te dijera cada gota que se desparrama sobre el cielo. Si te mostrara cada una de las manivelas de lo que se desplaza despacio.

Si me diera hambre en este instante. Si me buscara dentro de barriles de alcoholes eternos. Si me encontrara en sobriedades deslumbrantes.

Si te diera miles de abrazos hipnóticos. Si te señalara lugares donde las nubes descansan y las constelaciones piensan.

Si me desesperara por ya no más desesperarme. Si me aliviara por encontrar en un cajón todos los alivios. Si me iluminara con la palabra que me mira con paciencia.

Si te deseara con la pasión de un cataclismo. Si te tocara con la sed del polen. Si te rugiera con la dulzura de una fiera.

Si me alzara en vuelo real. Si me ofreciera majestades insólitas. Si me regalara potestades cómicas.

Si te abriera portones. Si te expandiera jardines. Si te honrara con claves.

Si me tomo de la mano. Si me llevo hasta el lugar. Si me  presto atenciones.

Si te veo al otro lado. Si camino hasta ese sitio. Si te escucho con mis manos. 

Nazco. Del otro lado. 


2.2.13

Transformaciones

Sé que están bien 



Palabras que llegan, una a una, para transmutar en vida y calma, lo que la vida enseña con dolores y partidas.

Diego Oscar Ramos (para mis padres)




Es ahora. Todo el tiempo se construye en este momento lleno de momentos, adentro de adentros, con todos los segundos que se amontonan en el salto que transforma una lágrima en sonrisa. 

Es ahora, cuando la vela que prenderé para rezar por el alma de mis padres ya está iluminando lo que siento, igualando en ese balanceo de la llama con el viento lo que está pasando por dentro, esa mezcla de certeza con dolor, de calma con turbulencia.

Es ahora, en este temblor de las tripas y en esta claridad que percibo en el centro de mi frente, que juegan solemnes algunos sentires, con risotada de duendes y delicadeza de ranas en un estanque de oro.

Es ahora, impactado por la potencia de lo que es como es, que me enfrento al silencio feroz de una casa con ausencias. Y al mismo tiempo sé que habrá paz, que nacerá de una transformación.

Es ahora, con el cuerpo bendecido por el agua, que miro a los ojos a la vida, le digo que estoy preparado, para que los caminos que sean para mí los llegue a recibir con gracia, determinación y alegría.

Es ahora, en este mismísimo segundo donde las palabras nacen, que junto en una bolsa resistente cada movimiento insensible que haya salido de mis pasos. Y lo arrojo con ojos colorados al sitio que la energía sabia que organiza las cosas destina a toda acción que haya causado dolor.

Es ahora, cuando la potencia de la partida devastadora de quienes me dieron vida ha dejado huellas en el alma dolorida, que le hablo a la fuerza que hace crecer las plantas. Y le agradezco todo lo aprendido, además de pedirle más de una tormenta que lave poco a poco las tristezas.

Es ahora, que pude acompañar con dulzura y firmeza el pasaje de quien me trajo al universo al otro plano, que quiero tener como regalo la atención más plena. Para andar siempre con un cuidado que sepa ser amigo de la aventura y compañero cariñoso de la sensibilidad más humana. 

Es ahora, que aprendo con urgencia los dones del estar muy presente en todo lo que pasa, que aprecio una calma que conozco desde niño y la siento como uno de los tesoros más poderosos que me han dado al nacer. Gracias entonces a mis padres, que se entregaron al impulso irracional y hermoso de traerme a la vida. Y pocos años después hicieron lo mismo con mi hermano. 

Y es ahora, cuando la magia y el sentido de la existencia se manifiestan aún en los instantes más dolorosos, que entrego esa parte del cerebro que se embriaga con preguntas interminables y me convierto en sensación impetuosa de vitalidad, para ser quien vine a ser. Y sentir mucho más, todo.   

6.10.12

Sentido


Un sonido de belleza cariñosa
Adentro, bien adentro, una canción poderosa nos arrulla, eterna, el alma. Y renueva de sentidos todo lo que nos pasa, hasta lo que llega como un terremoto, barriendo lo que hasta ese momento creemos que es la vida.  

Diego Oscar Ramos

Hay un sonido que nos envuelve el corazón, con una gracia de caricia y un ímpetu de sanación. Está aquí, apareció en algún momento en el que la distracción de la mente permitió una llegada plena, sin ninguna de esas trabas que a veces podemos presentarle a lo que nos celebra como seres únicos, perfectos, indispensables. Y si estas tres palabras parecieran brotar del ego, es ese sonido de belleza cariñosa el que nos habla, de repente, sorpresivo, para decirnos que todos aparecemos en este mundo para traer una flor de aroma nuevo, que aporta su potencia a una vida que nos necesita. Aún cuando ha estado antes de que existiéramos y seguirá estando cuando nuestra carne sea parte del viento, bendita paradoja, que tiene sus recorridos laberínticos hasta que podamos sentirla.

Siempre habrá un instante en que nos demos cuenta, con los sentidos unificados, que todos tenemos un lugar que nos pertenece, una especie de radio de  vibraciones andantes con que vamos modificando lo que pasa alrededor nuestro. Y desde el cual nos dejamos modificar con las irradiaciones de tantos seres que integran la danza perpetua de nuestra vida. Hasta con los pensamientos dejamos una huella personal, con los que decimos en voz alta o los que guardamos sin darnos cuenta que se reflejaran en el rostro o las posiciones del cuerpo en el espacio que andamos, en silencio o a los gritos. Mejor cantar que gritar, hasta cuando la tristeza pediría grandes vociferaciones para sacarnos de encima lo que duele, como buscando vaciarnos de lo que no sirve o lo que lastima por dentro, con esa misma facilidad con que damos vuelta una bolsa con migas de pan cuando el alimento ya ha sido servido en la mesa. Tiramos al pasto esas cascaritas que supieron ser trigo, para que los pájaros bajen del cielo y compartan una fiesta de sanación, un banquete que cada día tenemos sólo con que al alimento del cuerpo se sumen miradas cálidas que nutran el corazón con brillo en los ojos y sabiduría en la boca silenciosa.

Hay tiempo para todo, para hablar y para esperar, para llorar o para pararse en otros pies, que son los mismos, pero casi se sienten como otros, para lograr andar por lugares que nos quieren sólidos, pero nunca duros, íntegros y sensibles, para hacer todo lo necesario para que los que queremos permanezcan sanos y felices. Muchas palabras bonitas, podrán sentir algunos oídos, a los que les reconozco la verdad de su duda, pero les digo que son momentos de creer, más que nunca, en la mejor de nuestras configuraciones. Para que desde ese ser que somos, el que tiene una canción propia desde que vio la primera luz, sea el que manifieste su sonido en el mundo. Ese cúmulo de vibraciones que pueden acariciarnos y acariciar, en un diálogo musical que nos de fuerza, para fortalecer a los otros que nos precisan. Para que andar sea como bailar, hablar como cantar y estar en silencio una forma de conectarse con el sentido que nos dio vida.


12.8.12

Instantes



 Arena


Papeles encontrados hablan, leves, de un encuentro. Y una eternidad con aroma de agua.


Diego Oscar Ramos - 2003


Caminó de rodillas.

Contenta de volver a sentir la arena mojada.

El mar estaba, de nuevo, contemplando la belleza de su ofrenda.

Estiró las piernas. Eterna. 

Hasta el cielo del amanecer.

Respiró con sus manos. 

Y lloró. 

Mojada de alegría.


1.8.12

Andanzas rítmicas


Espacio de despegue

Bailando con el alma en el aire y los pies en la tierra. Con la potencia del fuego en los cuerpos y en la mente la expansión del agua. 


Diego Oscar Ramos


Es uno de los sonidos. Es todos ellos, los que fueron elegidos para que sonría en este salón de inquietudes movedizas. La columna central se eriza por un calor de melodía que llega como regalo del cumpleaños que vivo cuando te siento cerca. Y me abrazo a tu cintura amiga de los inviernos salados, en mares donde el norte se hace sentir como temperatura y destino.

Es la mirada con que nos decimos que estamos acompañados, que es una bendición que las luces nos iluminen en este momento de gatos amándose en los techos. Y perros calmando sueños en sótanos llenos de huesos.

Es uno de los ritmos con que bailamos con las pupilas encendidas. Y los ganglios anchos de ganas de dar vueltas hasta que cambie de color la ropa que traemos. Y los animales que duermen adentro se despierten para ser espectáculo de instinto luminoso.

Es la mirada con que entramos al patio donde las plantas son espacio de despegue, con la sabiduría en el lenguaje que fluye en lo que crece, la calma de quienes bailan con las raíces en la tierra. Y cada célula como antena de una luz que alimenta. Y orienta.

Es uno de los sonidos. Es la máxima alegría posible que un cuerpo recibe y provoca, cuando los ángeles nocturnos bajan de los techos y corren por los cuartos donde la vida quiere ser movimiento. Y juntos saltamos al agua donde nacen todos los ritmos. Y nadie duerme.


26.7.12

Despertares


¡Por fin te encuentro!

Tiempos de palabras que entusiasman, con el cuerpo en el aire. Y el alma en la tierra.


Diego Oscar Ramos


Carta para el que soy. En un futuro que se abre en este instante de floración.


Hay un sonido que se expande desde el punto más central de la médula. Y una pureza que me espera en la puerta.


Carta para el que se ríe de noche, cuando ve faroles que se acarician con la neblina y dejan espacios de bonita confusión, en luces y sombras que se pliegan, sin temor al desvanecimiento.


Hay una paloma que se apoya en el borde del abismo, con alas limpias y el pico en alto. Mis ojos la miran, cerca del calor sedoso de saberme presente.


Carta para el que está siendo. En un ahora que tiene millones de células latiendo y una percepción del camino que nace para pies con zapatos despiertos. Y el alma lista.

8.1.12

Percepciones


Oda a la palabra que puede ser música

Reflexiones sobre los placeres que pueden conectar a la escritura con la música. O de cómo gozar de la materia sonora puede ser transmitido a través de la escritura.


Diego Oscar Ramos

Amo el sonido de las manos sobre las teclas, ya sea en una computadora o una vieja máquina de escribir. El ritmo que se forma cuando los dedos encuentran cada letra para formar palabras me sugiere una música suave, hipnótica, que le agrada mucho a mi mente. Y esa sensación rítmica, que he disfrutado toda mi vida, suele ser el preámbulo necesario para un éxtasis absoluto que se da cuando las frases brotan con felicidad melódica. Las palabras pueden formar belleza en un orden que no está formulado en ningún manual, pero que el oído siente con placer y la mente reconoce como la unión perfecta entre el sentido y la forma. Y en ese instante, preciso y adorable, en que el lenguaje es música, el goce se vuelve don de reconocimiento de una potencia de vida que se muestra en el lenguaje.

Amo la escritura, porque me regala una manera propia de transmitir al universo la mirada, también movediza, que voy teniendo sobre las cosas que son, acontecen y tienen su sonido. Y ha sido la palabra escrita, en esa intersección misteriosa y fascinante entre destino y construcción que es nuestra historia, la forma más continua y expansiva en la que he expresado los sentidos armónicos que percibo. La escritura me ha permitido ofrecer la música que escucho dentro y fuera de mí, tanto en los sonidos que me cuentan paisajes internos como en las narraciones melódicas que escucho en lo que pasa a mi alrededor. Y cada dedo que se apoya sobre una tecla puede ser él mismo un instrumento de construcción de armonía.

Amo la música desde muy niño, la que reconocía en los libros, de los que extraía un néctar nutritivo que me llenaba de imágenes con relieve, sonidos y espesura. Y también la que aprendí a reconocer como un tesoro cuando tuve un grabador de regalo, junto con una caja llena de cintas de audio, que me causó una alegría impactante. Por entonces, tal vez a los ocho años, supe tener mis rituales sonoros, donde al goce permanente por la escucha musical se daba la costumbre de acostarme a oír esos sonidos maravillosos, que carecían de preconceptos por la calidad o el estilo, antes de dormir, con la luz ya apagada y la oscuridad como ámbito propicio para llenarme de imágenes y sensaciones. Con el tiempo, he sabido volver muchas veces a esa sensación de asistir maravillado a la construcción de universos, pero no sólo a través de la propia música, sino también a través de la escritura. Y este mismo texto, que nació a partir de una idea previa de contar mi relación con la materia sonora, supo crecer con la libertad de dejar aparecer lo que realmente quería ser dicho. Y fueron las palabras las que llegaron aquí para ser acariciadas y bendecidas, por la forma en que han sido amigas intensas a la hora de volver escritura los sentidos que mi cuerpo escucha como música.

Amo el sentido que  se manifiesta, aquí y ahora, cuando construyo mundos al ritmo de las teclas y me doy cuenta que desde que mi memoria comenzó a guardar algunas cosas del vivir, tengo una confianza total en lo que mis oídos sienten como armónico. Y es desde esta sensación de verdad que encuentro los órdenes más musicales de los textos que escribo, como si las ideas más claras tuvieran un eco sonoro que mi sistema perceptivo encuentra de inmediato. Si todo está en orden y no hay interferencias, básicamente anímicas, le doy crédito completo a esa escucha. Por eso, cuando al escribir escucho en mí oraciones que llegan con melodía indudable, las aplico con certeza en lo que escribo, con el ímpetu de quien puede improvisar sin ser improvisado. Y la inocencia experta de quien siente que cuando escribe, también hace música.


 


  Una de las músicas misteriosas de mi infancia. 
  Paisaje sonoro absoluto de Eno y Bowie, del disco Heroes.

2.1.12

Abrir espacios


Verdad de aire caliente



Palabras nocturnas, suben por las paredes. Las espera un abrazo de siglos. Y un encuentro que nada sabe del tiempo.


Diego Oscar Ramos


Desnudo en la mesa de las palabras, me veo como soy, en este momento. Sueño despierto, despierto sueños y pretendo lo que más merezco y me corresponde en este instante en que me observo. Y me construyo.

Las ventanas están cerradas y las puertas abiertas. La calle está cerca en el árbol que espera que baje para mirarlo desde el lugar donde la tierra le deja espacio para nadar en el cielo, de ramas extendidas hasta el balcón donde espera llegar pronto, para que mis manos lo acaricien en su máximo don de juventud.

Abro espacios en mi mente, paso el rastrillo por las neuronas de siglos y me pongo en situación de siembra, con los pies sobre el borde de los surcos y los dedos derramando las ideas sanas que me harán estar más cerca del árbol que ya casi llega a verme escribir sobre su voluntad de alcanzarme y mis deseos de hablarle.

Desnudo en la mesa de las palabras, las frases lanzan un viento que abre con ímpetu animal lo que me separaba del crecimiento vegetal. Y me dejan de frente a las cosas que son, con verdad de aire caliente y silencio de encuentro esperado. 

Las ramas nuevas entran con el entusiasmo que da el permiso ya concedido, con respeto y amistad. Y señalan alturas con traducción palpable en cada objeto que encuentran en el lugar donde las oraciones me muestran de cuerpo entero. 

Suelto un aire contenido por centurias, estiro los brazos, me divierto con el verde que juega entre los pensamientos sin tiempo. Y ahora que el rumiar quedó para bestias del pasado, me digo lo que siempre quise escuchar de mi propia voz. Y lo creo. 

   

17.11.11

Largarse a ser

Claridad en la lluvia




Escrituras que se mueven calmas sobre un papel nuevo, sin tiempos que navegar ni apuros que naufraguen la percepción de lo que siempre estuvo.





Diego Oscar Ramos






Todo se trata del amor, es cierto, lo dije muchas veces, pero que diferencia que es decir algo sin alma que hacerlo con los ojos llorosos por una emoción que nos habla desde hace años, pero que sólo ahora está siendo escuchada.

Todo se trata del amor, de la lluvia, del sol sobre la piel, de la limpieza de la tierra encima de los pies, de la belleza del agua sobre los ojos cada mañana de legañas perdidas.

Todo se trata del amor, de la confianza que sale del lugar donde nacimos, donde la historia se cubre de un lienzo donde pintamos desnudos y nadamos vestidos, sabiendo que la verdad es un óleo que descansa en la mirada del cuerpo retratado.

Todo se trata del amor, de las nubes llegando a la marca que hicimos en el cuaderno con hojas de colores furiosos y los árboles rezando su neblina suave, antes de que las palabras pidan recibir nuestras limosnas y los chicos cierren las pestañas porque el sol apareció sin avisar, cuando esperaban una tormenta.

Todo se trata del amor, es natural, escucho a la mujer que anida una paloma en sus manos y me mira con respeto y cariño, mientras los dedos de mis manos dibujan claridad en la lluvia que ya no está y mis piernas sacuden el viento que interrumpía tantos deseos antiguos de moverse de las baldozas frías. 

Todo se trata del amor, grita el cielo de adentro, donde los monjes naranjas ríen de atardeceres violetas y me invitan a comer una fruta que siempre estuvo al alcance de mi boca, que ahora sabe bien lo que quiere y la toma con alegría, mientras la luz viaja sin tiempo, por entre grutas sin misterios y ríos con memorias frescas del mar. 

5.4.11

Recuerdos y sabores



Te conozco de siempre

Recuerdos que alimentan de certeza un andar con preguntas en los bolsillos. Y respuestas en las manos.


Diego Oscar Ramos


Estaba ahí, la textura, en la música del caminar. Blandura, regocijo de lo que se deshace como forma de intercambio afectivo. El café con leche, caliente al punto de ser placentero, como el hogar de la transparencia, la taza blanca, enorme, como templo del encuentro. 

Estaba todo el momento, el llevar la porción de torta de ricota hacia el café con leche recién servido, para pronto acercar el banquete a la boca, con la certeza de que nada iba a quedar afuera de la alegría de ser y estar, de mirar y de querer, de celebrar y saberse querido. 

Estaba ahí, el sabor de la masa tierna mezclada con la ricota fresca, con la tibieza de haber pasado por las aguas del cariño de mi padre, llevándonos con mi hermano a ser reyes de un instante único.

Está ahora, el recuerdo corporal, la seguridad de siempre haber tenido regiones de presencia del amor hecho ofrenda, con una verdad tan potente que supo que alcanzaba con quedarse abrazada a una combinación de alimentos para que supiera, para siempre, que merezco toda la alegría del mundo. 

Porque llegué aquí para acordarme, en este segundo, que fui muy agasajado. Y que es mi propia mente, acariciada por todas las células del cuerpo que soy, quien acepta la ruta, pone el primer cambio y se entrega a la vida, con la tranquilidad que  da el darse cuenta que hoy puedo festejarme por estar aquí, ahora, vivo. Y feliz de saborear la potencia sutil con que el alma se muestra. Y nos habla, serena.

18.3.11

Rituales de agua

Abrazo de sal


Juntos, sintieron que las voces del mar los llamaban. Y aceptaron el bautismo húmedo.








Diego Oscar Ramos




En la mañana en que los anillos llegaron a su puerta, se levantó con las primeras gotas del sol. Se afeitó con todo el jabón que encontró, miró la última arruga en su alegría nueva y abrió los brazos.

Desnudó de roces viejos la camisa más amable, plantó semillas, como lo habían indicado en el local de los árboles fieles, antes de diseñar las entradas y salidas de un laberinto húmedo.

Todos los pasos coincidieron con la memoria de lo que llegó dictado, con mapas e ilustraciones, en los sueños con bruma dulce. Entonces sintió que era momento para dedicarse un minuto lúcido en su juego con espadas de agua.

Miró al cielo del mediodía tibio, mojó sus dedos en la hierba,  olió el ímpetu caluroso de los ánimos veraniegos. Y tomó la mano de la mujer de tules violetas.

Con signos de albahaca entre los dedos, dejó que el aroma a hierba fraterna dibujara un marco delicado. Y penetró suave en el idioma de los deseos femeninos.

Se conjugó al instante una protección perfumada, un conjuro de palabras de néctar y caricias de seda, bajo la sombra sabrosa de cientos de uvas frescas.

Cuando supieron que era el tiempo, alejaron nubes de tormenta con ojos de firmeza y caminaron hacia el mar, en silencio.

En los bordes del mundo, dejaron que la sal brillara en sus pies, miraron al cielo con ojos de pez y se arrodillaron juntos, entregando su orgullo a las aguas. 


16.3.11

Paisajes sagrados


Almas, jardines y espermatozoides



Un hospital puede ser el sitio donde sintonizar, inesperadamente un encuentro de almas.



Diego Oscar Ramos


Estaba parado, en estado de pura atención esférica, con el alma en surround, algo inesperado para mi conciencia, encendida entonces por cuestiones que tenía que tener en cuenta para un examen médico: habría de mostrar datos cuantitativos de mi naturaleza hormonal. Tenía en claro todo eso, cuando escuché voces que me llamaban sin necesidad de hablar alto ni gesticular llamativamente.

Las tres mujeres, sentadas, hablaban como construyendo el mundo en su intercambio. Una de ellas estaba embarazada y todas esperaban su turno de ser atendidas por médicos que cuidan la reproducción de la especie humana. Y las palabras hablaban de cuidados de la criatura por venir, de adivinaciones sobre su sexualidad y de alimentos naturales. Hasta ahí todo esperable, contextual, coherente con el ambiente. 

Aún parado, con la atención entusiasmada, algo me dijo que algo más estaba aconteciendo, cuando las frases empezaron a gestar afirmaciones positivas que todos deberíamos enunciar y un diálogo de aromas de la nueva era le empezaba a dar al hospital público un clima más exótico, amplificado, como  un género musical que se viese transformado por sonidos de otras regiones del arte. 

Con todas estas melodías del pensamiento dando vueltas por un cerebro con ganas de tomarse vacaciones, fui dejando que las conversaciones de las mujeres llegaran a hablarme, aunque permaneciese parado, quieto, inmerso en eso que uno dice a veces que son las cosas de uno, lo que sólo nos pertenece a nosotros. Eso mismo que puede aislarnos de lo que nos amplifica la vida, que puede estar pasando bien cerca del cuerpo.

Calmando la tensión del adentro cuidadoso, dejé que las historias llegaran. Ahí supe de mujeres que oían y veían cosas, que muchas veces habían tenido miedo de lo que sabían antes de que pasara, que dormían con la luz prendida, que sabían de aconteceres del pasado y del futuro, que les llegaban cartas de sitios remotos en el tiempo y las abrían ya sin miedo ni dudas. Y era un placer sintonizar la naturalidad con la que ese universo de múltiples dimensiones, de premoniciones y santos, se presentaba en una mañana de hospital y espera, de hormonas e índices saludables. 

Guiado por esa sensación de naturalidad, que traía al cuerpo un confort de tierra conocida, me senté en el único lugar que quedaba libre. Sin actitud evidente de entrar en la conversación, pero con el ánimo dispuesto a ser parte de un ambiente cálido. La charla de alimentos sanificantes y mensajes cercanos siguió, hasta que el anuncio de que el embarazo traería una criatura sana llegó de una de las mujeres, como bendición, poco antes de que la madre de rostro sereno fuese llamada por los médicos. 


Una de las que quedaron, comenzó a hablar ya incluyéndome con su mirada en el círculo obvio del encuentro. Y aseguró que en ese mismo hospital, al que no había regresado desde hacía 23 años antes, los médicos la habían creído ya desprovista de vida, luego de que llegara con una hemorragia severa. Y estaba en camino a la sala donde los cuerpos fríos duermen una espera de reposo o son presa del estudio analítico, cuando una de sus manos se movió, para sorpresa y susto de los médicos que la habían atendido. 

Fui todo creencia cuando sus ojos me hablaron de un enorme jardín, de luminosidad, de presencias claras, de sensaciones beatíficas y un entusiasmo de puro ser cuando estuvo del otro lado. Y si bien todas podían ser imágenes conocidas, escuchadas tantas veces y hasta repetidas, lo que me estaba pasando tenía que ver con la música de su voz y la potencia sosegante de su mirada. La mujer me llevó en un segundo hermosamente interminable al Edén donde supo ser testigo de lo que vendrá, lo que ya vino, lo que siempre está viniendo a nosotros. Y fue en el transcurso de esa ensoñación despierta cuando la mujer que se animaba a regresar al sitio donde había encontrado un portal inesperado, fue llamada por médicos de una calidad humana que habían ayudado a vencer cualquier tipo de temores de vuelta.   

Ya siendo dos los que quedábamos en la sala de espera, fue la salud, el estado del hospital o la calidad de los profesionales, los temas que trajeron un aire cotidiano. Aunque cierto misticismo continuase vivo en las palabras que salían, con suavidad, de los cuerpos que habían visitado un paraíso verde, enorme. Ese lugar donde parece que todos podemos volver, si hacemos que cada segundo sea un portal para que nadie nos pueda considerar lejanos, fríos, desatentos, desorientados, alejados de lo más cálido del mundo que conocemos.


Todo esto se apareció con palabras precisas, melodiosas, nuevas, en algún momento que llegó antes, durante o después de que los médicos me llamaran, analizaran algunos números y hablaran de espermatozoides que veían con muchas ganas de vivir, ajenos a cualquier contaminación de bacterias portadoras de desanimo.  


Con entusiasmo de quien sabe que está siendo atento con su naturaleza animal, salí entonces de la consulta y miré al pasillo, queriendo retomar algunas palabras con las mujeres, para vestirme de turista agraciado del gran jardín de la calma. Ninguna de ellas estaba allí. Pero supe que siempre podría visitar ese espacio. Tal vez el mismo hospital fuese una de sus puertas. Y mis ganas de vivir una de las llaves.

1.2.11

Rituales cotidianos

Ceremonia solar


Sensaciones de calor y buenaventura, en un verano que inquieta, por suerte, las necesidades de encuentro con lo más sabroso de lo que somos.


Diego Oscar Ramos


La mañana surge en medio de la despedida de las tormentas.

Me despierto con la sonrisa de lo que nace atento, con las manos abiertas a las manzanas que se ofrecen a mi nacimiento. Una rosa llena de rocío marea a quien se atreve a perderse en su centro. Poco hay tan intenso como llegar hasta el fondo de su atracción, regarse de aromas húmedos. Y salir, bien despacio, para jugar a la realidad en los jardines del rey que todos somos.

La noche es una promesa que llegará como reflejo de otras flores que regalan sorpresas a exploradores que navegan su conciencia muda en otros continentes. Ahora es una espesura luminosa, una marejada de espuma salada, lo que se ofrece como melodía principal de esta celebración de lo propio.

Me reconozco en la caminata, en el despliegue de pasos calmos que saben el rumbo que la naturaleza dispone. Soy quien anda y quien reconoce que mueve los pies con certeza, aún sabiendo que lo que comanda los pensamientos tiene dudas en el catálogo de sus maravillas humanas. 

La luz es una llamada al desplazamiento, al desperezar incomodidades, para encolumnarse en las filas de seres que encuentran mucho más que lo que buscan, que se emocionan más de lo que planifican, que sienten tantísimo más que lo que razonan. 

Me sé caminante, dueño de un mapa que se va dibujando cada segundo que el sol se posa sobre sus átomos, rediseñando en su superficie rutas, ríos, ciudades, bosques, poblados, montañas, que me piden que los conozca, que salga de lo sabido. Para penetrar en lo que me mostrará gotas nuevas de mis aguaceros y carteles nuevos en mis colecciones de señales.

La sombra es la escalera escondida, que nos lleva del lado espejado, al rincón donde pocos se animan a observarse sin que los ojos participen de la aventura. Elevarse es llegar hasta el racimo más alto del árbol de moras, sin ponerse de puntas de pie, ni romper las ramas más cercanas o derramar el banquete que puede ser de muchos.

Me cocino a fuego lento, tranquilo, en la vereda soleada. Me empiezo a saborear, ya mismo, en los aromas de las especias viajeras, las que me tiro encima, sin preguntas ni medidas, para resaltar con alegría mis regiones más propicias a la fiesta. Cuando estoy listo, puedo percibirlo, sé que mis blanduras son un goce seguro para un universo listo para disfrutar tanto de mi carne como de mis ideas.

La mañana de verano acompaña la sensación de cambio. Y permanece fiel, en su caricia de temperatura, a todos los caminantes que la celebran. Siendo quienes son y andando por donde deben andar. Mientras el día los mire de frente y la noche los espere despierta. 



25.1.11

Ser y Estar


Madrugada de pájaros y llaves.


Visiones nocturnas, sobre andares luminosos. Con  entusiasmo en los pies y armonía en las manos.


Diego Oscar Ramos


Estuve ahí. Me lo contaron. Me lo contaron porque estuve ahí. 

Las llaves saben de la presencia del cerrojo. El cerrojo construye la presencia luminosa del llavero, en la mano del que sale a jugar, de madrugada, cuando la luna dio la vuelta, y sólo se deja ver en la terraza, donde a veces se saludan cuando cuelga la ropa. En esas horas, calmas, en que las lavadoras duermen, hermosas.

Estuve ahí donde escribo estancias y dibujo grandes espacios de tiempo, para que pasten gustosos los recuerdos que soñaré para rehacer la persona que siempre fui. A pesar de los despertares roncos, en que las canciones que lancé a los sonámbulos parecieron rebotar en techos sin gatos.

Los animales saben de la ausencia del amo, cuando aman la aventura de sentirse dueños de los bordes de las cosas, donde las casas son todas la misma sensación de andanza libre, despierta, atenta a todos los sonidos que podrían ser parte de una sinfonía tan polifónica como la vida. Cuando se ofrece, abierta, desnuda, sonriente.

Lo conté porque estuve ahí. Estuve ahí porque me lo contaron.

Las correrías de las palabras calientes salen sin asperezas por las gargantas que salieron de ronda, sin sueño, por lugares donde las manzanas van por un lado y la arena por otro, donde los sabores afinan con las lenguas más refinadas, para ser siempre lo que han de ser. En ese punto justo donde las estrellas miran fijo, hipnotizando de anhelos renovados las almas inquietas, por dudar del lugar donde las esperan los espejos.

Me lo contaron ellas mismas, con ojos de espuma y manos de pasto húmedo. Las escucho con los poros libres, para que su luz juegue adentro de mis pasos. Y su viento despeine cualquier peldaño flojo en las ganas de andar suelto. Aflojando lamparitas quemadas, en las casas que quieren ver todo de nuevo.

Estuve ahí, lo cuento ahora mismo, en el centro donde la pluma sabe de la tinta que está llegando. Para firmar las cartas de independencia. Esta noche de luciérnagas cantoras. Y pájaros que habrán de ser muchos, de aquí a poco, para lanzarle una cuerda al sol. Y abrazarse, juntos,  en un fuego de amaneceres eternos.



4.1.11

Percepciones

Good day sunshine


Sueños al amanecer, traen la bruma de pensamientos nocturnos. Y regalan el sol de un abrazo con lo que siempre tuvimos cerca. Y ahora sentimos.




Diego Oscar Ramos



Es una calle, es una memoria, es un tránsito urgente, preciso, que habla ahora. Es un perro vestido con la piel de una raza que no le corresponde, que es de otro, que sostiene como propio por última vez en su vida. 

Es una calle, es una música de despedida alegre, es una radio antigua con canciones de un tiempo cuando aún no existía, pero que puede recordar como si algo de él mismo estuviese ahí, bailando contento, observado por ojos de mujer sentada, con ganas de bailar.

Es una calle, que lleva a una vereda más solar, llena de heladeros con helados de crema, accesibles a todos los niños, que no necesitan preguntarse si sus padres podrán pagarlos. Y que nunca serán obligados a pedir los de agua sólo porque cuestan menos. 

Es una calle, es un barrilete que se escapa en el cielo, bello, libre, conversando con seres de otros espacios, llevando mensajes a parientes que han partido, lejos, pero no tanto como para recibir las cartas que dejamos subir por el mismo hilo que soltamos a tiempo, sin pensar que nos podrían retar por la aventura.

Es una calle, sabemos que algunos la cruzaron, mientras mirábamos del otro lado de la existencia, felices de que hubo quienes hicieron todo lo que desearon y nos dejaron huellas de sus pasos felices.

Es una calle, la misma de hace mucho, cuando mirábamos una y otra vez postales de un arte soñador, hecho por otros, que parecían tener tanto poder para hablarnos a los ojos, porque nos conocían de siempre, de la primera vez que los dejamos contarnos sus cosas como si fueran nuestras.


Es una calle, la vimos tantas veces, la creímos lejos. Y ahora estamos ahí, la tenemos bajo los pies, ni nos preguntamos cuánto tiempo nos llevó llegar o cuántas veces dudamos en aceptar su solidez. Y la nuestra. 

Es una calle, que nos dice cosas en un idioma nuevo, colorido, agradable al oído, que traduce con música las caricias del tiempo. Y nos llama con voz  sincera. Miramos para los dos lados. Seguros, tranquilos, decididos. 


Y cruzamos. 


Nosotros nos estamos esperando. Con ojos de niño feliz. Del otro lado.



28.11.10

Sueños y despertares

Almacén de hologramas




Imágenes nocturnas leídas al despertar, muestran soluciones directas, a enigmas que parecían complejos.



Diego Oscar Ramos





Tenemos el almacén de respuestas dentro nuestro. Y quien atiende somos nosotros, los mismos que portamos a veces una sordera llena de razones, para no darnos al instante lo que realmente precisamos. 

La imagen está adentro, salió hace unos días, en sueños, entre miles de imágenes. En verdad, la que traduzco ahora es la que me permite el estado mental con que olfateo hoy los sentidos que fueron llegando en estas noches de anuncio del verano cercano. 

El almacén, así, como era antes, como sigue siendo en algunos lugares que comparten su existencia con grandes cadenas de supermercados, apareció con mayor gracia en mi mente que la imagen del holograma con la que recuerdo haber despertado varias veces. Y una frase, "Tenemos todas las respuestas", que ahora asocio a la antigua despensa donde nos atendía una persona, la que de chicos hasta nos dejaba leer una lista de cosas que nuestros padres anotaban para que no nos olvidáramos. 

Bien, tenemos varios elementos más en juego para este enigma bello de una mañana que es ya mediodía. Un holograma, una frase que afirma la posibilidad de hallar todas las respuestas en nosotros mismos, un almacén a la vieja usanza, un almacenero atento, una lista de necesidades que ahora es familiar, los padres que anotan lo que es preciso para la familia toda. Y lo que parecía festejo simple de una posibilidad completa, directa, aparece ahora como una madeja a resolver, donde a la transformación de un símbolo en otro, se suma la aparición de la familia primera, el ámbito donde suelen tejerse tramas que, con suerte y voluntad férrea, iremos desarmando a lo largo del tiempo.

Como sé que aquí hay una llave, objeto de los más propensos a ser convertido en símbolo, me entrego aquí a lo que este mismo texto quiera decirme sobre esta madeja de palabras con aroma a despertar con cansancio de haber descansado tanto como vidas fueron vividas en corporalidades oníricas. Y como las palabras empiezan a mirarse a sí mismas con placer de belleza, regreso rápido a mi sueño, aquel donde un holograma era el recipiente donde cabían todas las posibilidades de encontrar las respuestas a las preguntas sobre lo que teníamos que ir haciendo en la vida para estar felices, en paz, portando apenas las preguntas claves para sobrevivir, y ya no más ese tipo de cuestionamientos que traen más parálisis que movimiento.

El holograma, aquella tecnología que de chicos podíamos ver en algunas estampas que al moverlas nos sorprendían por guardar en un aparente plano toda una corporalidad en varias de sus posibles manifestaciones en el espacio, era en mi sueño la propia vida, la historia personal completa. Cada uno, digo ahora que expando a la totalidad del universo las imágenes que construí en mi mente para leerla despierto, tiene en su propio registro interno de cada paso que dio, un mapa de lo que mejor puede hacer para resolver de muchas maneras distintas lo que sigue para adelante, el segundo que sigue. 

Aquí es donde el holograma vive con un brillo de revelación en mi recuerdo del sueño, porque veía que en el mismo registro de lo vivido, en eso que llamamos memoria, que está en la mente, pero ahora sabemos que en los rincones más inesperados del cuerpo también, se guardaban muchas más imágenes sobre el mismo punto de vida registrado. Vamos a decirlo con más palabras, cada evento vivido era filmado con muchas cámaras ubicadas en puntos de visión muy diferentes, aunque todos unificados en visión general de un director del programa, del reality eterno que nos va haciendo personas identificables.

Por eso, porque cada situación tenía cientos de puntos de visión, su revisión con el tiempo guardaba muchas posibilidades de que la experiencia fuese vista siempre como portadora de información valiosa para lo que viniese en el futuro, porque hasta lo que podía haber sido por mucho tiempo visto como un error en nuestra trayectoria vital, apelando a otras visualizaciones guardase infinitas posibilidades para poner en juego en un hoy que nos ve con ganas de felicidad real, puesta en práctica, vivenciada con potencia de gol de media cancha. 


Y el partido del siglo, ahora que hablo de estadios, de almacenes, supermercados, listas, necesidades, padres y hologramas, está siendo disputado entre todos, jugadores de la escritura y la lectura, construyendo entre ambos este holograma vibrante, que canta con energía beatle, que somos el almacén de respuestas, que el almacenero nos esquiva cuando nuestros oídos se tapan para no escuchar dónde está la mercancía salvadora, que el espiral es más armónico que la línea recta para entender nuestros movimientos con una sonrisa, que volver es imposible si creemos que el futuro es más cercano que el pasado, pero también si pensamos que lo que repetimos es un calco de los pasos que ya dimos. La lista puede ser parecida, pero la tinta con que escribimos las necesidades es nuestra, aceptamos la utilidad y la gracia que pudieron habernos dado cuando niños al dejarnos menos a la intemperie para ser parte del concierto familiar, pero también podemos oler alguna leve, tal vez, desconfianza en nuestra memoria. Porque nos hace bien, leemos hoy ambas partes del registro, pero elegimos vestirnos con lo que pudieron darnos de confianza, para seguir agregando tela al traje de posibilidades de hacer el mundo con nuestras manos.

Así salimos al barrio donde hoy vivimos, despiertos a todo lo que nace de nuestras manos y lo que está gestándose en los oídos atentos a la fuerza con que los alimentos vienen, cuando nos atrevemos a pedir lo que precisamos al almacenero que mora dentro, feliz, de saberse valorado, para ser uno más en el juego de la vida, donde el arco y la pelota, son dos posiciones, en un holograma mágico, que camina con nosotros, para ser gol increíble. Y atajada fantástica. 


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