sensaciones y pensamientos


Escrituras



10.3.14

Sensaciones


Andanzas de fuego 

Sentir, andar, percibir, soltar, imaginar, saber, construir, amar. Todo está pasando ahora, que el tiempo baila la risa del mundo. 


Diego Oscar Ramos


Es un misterioso misterio el que se expande en mis manos, con voz de soles estallando de amor de niño entusiasmado.

Es un silencio de amapolas el que me habla desde adentro del alma, extasiada como insecto ante la flor que lo llama en urgencia festiva, con promesa de polen y certeza de encuentro.

Es un intelecto renunciando al trono, el que se siente acariciado por un amanecer que nace con meditaciones eléctricas, que calman la velocidad del cardumen de pensamientos mojados. 

Es un goce de montaña amable, que acerca su cima a los pies que la celebran entregándose a la caminata porque sí, porque hay ganas, muchas, de tocar las nubes donde la paz abraza a quien la busca con pies decididos.

Es un fuego vociferante, que levanta vuelos para vestirse de ave enamorada y anunciar a los cielos que la unión es posible, que está llegando, que besará con deseo los pies de un planeta que lo llama.

Es un canto de luciérnagas en un día de lluvia, a la hora en que los mamíferos se acuestan para percibir el mundo de ojos cerrados y cuerpo abierto a los sonidos.

Es un andar de piernas fuertes, brazos acompasando la trayectoria segura y mirada expansiva, que disfruta de la lejanía y presagia hogares en el camino. 

Es una mañana que crece, que le habla a las células de este cuerpo, que se levanta, deja de escribir, ahora que dijo lo que sentía y que las palabras, todas, quieren ser movimiento. Y ya lo están siendo. 

17.2.14

Percepciones


Pacto de alegría 

Es preciso un cambio de transistores al mecanismo histórico de los pensamientos grises sobre el mundo. El tiempo es ahora, dicen los mares. Y los escuchamos.


Diego Oscar Ramos


Es el día en que todos los mares se sublevarán para salpicar cada pensamiento triste. Y sucederá, lo sé, lo presiento, lo escucho en las nubes que miran con risa leve, que ni precisa llegar a carcajada para ser signo de felicidad.

Es el silencio previo a la marcha grata sobre los cabellos o las calvicies que operen como escudo ante las aguas calientes sobre las ideas frías. Y será una humedad vociferante, astuta, estratégica, la que se meterá en los cerebros, para inundarlos de ocupaciones que desesperen de sentido a toda angustia que crea que su guarida mental las mantendría bien secas y sólidas.

Es la conversación de moléculas acuáticas. Las siento pasándose instrucciones, de un lado al otro del mundo, trasladando mensajes que unificaron de entusiasmo conjunto el color de todos los océanos y ríos. 

Es la inquietud, misteriosa, que ya se percibe en millones de cabezas, que primero tienden a taparse frente a algo que sospechan que está por caerles, pero después, vaya a saber por qué súbita entrega a una intuición de transformación deseada, caen al suelo gorros, sombreros, pelucas y paraguas, en una coreografía inesperada. Y bellísima.

Es la manera en que las aguas del mundo dieron un salto integrado, grupal, instantáneo, para depositarse sobre cada cabeza humana. Y lo estoy viviendo, algo está pasando, adentro, la mojadura pasa rápido por los poros y no resbala hacia el suelo, que se sequísimo y calmo, como la electricidad que enlaza las neuronas que ahora bailan, se abrazan y cambian de lugar, paseando por lugares cerebrales que no habían conocido antes, tan quietas en las funciones programadas. Y estáticas.

Es el día, en que mis palabras quieren movimiento, caricias, pasión, con urgencia de corporalidad viva, con placer de integrarse a una cabeza que estalla de mapas nuevos, mutantes, expectantes de mojaduras existenciales continuas, que impidan rigideces y congelamientos. Todo se agita en el aire, me digo, con la sensación de cráneo abierto al viento, mientras las nubes lanzan, sí, una risotada llena de truenos. Y llueve como nunca. Para sellar el pacto conjunto. Y más limpios, empezar todo de nuevo.


18.1.14

Tiempos de ímpetu

Comunión de 
roce eléctrico

Las palabras bailan, de un lado a otro de los cuerpos, como adoración de lo que juntos encuentran, como signo de vida compartida.



Diego Oscar Ramos


Es así como lo sentís, aunque te agarres la cabeza al pensar en lo que es en su inmensidad impalpable, esa sensación que te expande el pecho hasta que los árboles pierden su timidez para saludarte. 

Es así como lo vivís, porque las piernas se desesperan por tomar impulso y dar una ronda tremendamente sensual por la marea de miradas sin viento con que ella te celebra, cada vez que la adorás con ojos de alfombra voladora.

Es así como llorás de goce, cuando las manos del tiempo juntos, cáliz de laberinto soleado, los dejan de piel vociferante, en días de cielos violetas y caminos con cara de bicicleta.

Es así, lo intuís con ese calor que el alma conoce en inviernos de arroparse de puro placer, con los dedos de los pies buscando tocarse para inaugurar un decirse millones de cosas, en comunión de roce eléctrico.

Es así, como lo pensás ahora, que el corazón galopa senderos conscientes y las neuronas descansan en un catre de certezas gloriosas, que vinieron sin ser llamadas, como visita inesperada de una maravilla eterna.

Es así, como te lo repetís, en escalera de disfrute de palabras que van y vienen, del sótano a la terraza, para convertir lo que parecía disperso en un bloque de calidez que querés habitar para siempre.

Es así, como se manifiesta en su potencia arrasadoramente ordenadora, atrapando sentidos que pueden estar disponibles, pero precisan de esa atención de insecto enamorado de las flores para que se vuelva presencia real, con ímpetu de baile intenso. 


Es así, como lo dibujan los brazos en alto, en el cuarto repleto de gotas de música, invocando un leve caos, calentito y amigable, que enaltece con suavidad esos pasos de danza espontánea, signo de entusiasmo compartido.

  
Es así, te das cuenta, cuando sus dedos te hacen más hermoso y tu vientre la desnuda de miedos, con esa inmediatez de lo que actúa con la gracia de la naturaleza y la verdad de lo que brota sin espacios de duda, con la voz del instinto y las caricias de lo que se elige con el alma.   


22.10.13

Despertares

En nuestros brazos


Una música selvática inspira recuerdos que parecen venir de un lugar con espesura mágica y sensaciones de realidad expandida.

Diego Oscar Ramos

       Me despierto en tus brazos, sin recordar cómo es que estuve en medio de ramas, peces y pájaros, antes de amar las caricias de mujer selvática que me regalás para que mire el mundo que se levanta a mi alrededor, festejar que sigo aquí, que puedo levantarme y que elijo estar abrazado a tu cuerpo.

       Cuándo fue que mis ojos se cerraron para bailar con gacelas brillantes no lo recuerdo ahora, que sólo llegan palabras de bronce, para imantar con flores esa mirada tuya, que me dicta sonidos que aprendí a reconocer como propios, justo cuando corrí sin pensamiento. Y escuché un rugido que me habla, desde mucho antes de que pudiera atender sus pedidos de fe, calma e instinto. 

       Todo esto lo hablo ahora, con el blanco de tus ojos, perdidos en el goce de un orgasmo que nos sostiene y nos pone nombres nuevos, para que saltemos por sobre muros que nada tiene para contarnos, ahora que los músculos fuertes nos llevan por camas voladoras. Y las alas del tiempo derriten miedos para que andemos libres, sueltos, poderosos, amantes. Esto que digo, que me es dicho, que siento tatuando memorias futuras en la carne, se vuelve imagen, que destrona reyes antiguos, dueños de un oro que encandilaba las ganas de salir a buscar dioses nuevos, en las palmas de los pies. 

         Somos caminata, lo percibo, en el ruido deseado, de agua que llama al viento, que se levanta por cielos secos, moja las sensaciones de quietud y hace crecer piernas andantes, que no preguntan dónde quedan los puentes. Porque el calor de un huracán cuidadoso trajo brazos que construyen sentidos sólidos y vientres que saben el código de los tambores, cuando piden verdades que crucen con certeza la espesura de esta floresta. La que dibujamos cuando nos amamos con ímpetu vegetal, gestando universos cercanos, con belleza de luz que se transforma en alimento y sabiduría de quietud elegida. 

       Podemos parecer estáticos en esta mirada enlazada, en este abrazo renovado por un despertar repentino, de suavidad inquieta, luego de atravesar espacios dentro de espacios, hablando con pumas violáceos, de ideas que aparecían de sólo moverme. Y me lo contaron todo, lo que los dos queríamos conocer, sobre el día en que las fieras dejaron de comer otros animales, para deslizarse por túneles de silencio que saciaban todo hambre. 

        Ahora que todo te lo cuento en este abrazo humano, puedo cuidarte para que busques secretos del agua, en cascadas eternas que encontrarás, al otro lado de tus ojos, mientras te canto himnos de protección. Y veo cómo llega tu sueño, despacio, hipnótico, entre mis brazos.


17.10.13

Ojos bien abiertos


Aceptar la certeza

Soñar despierto. Despertar del sueño. Tomar los tesoros que llegan con fluidez, ahora.


Diego Oscar Ramos


El bienestar de lo que nace despierto, se me apareció, con la desnudez del asombro en las manos y me miró sin sonidos.

Qué hacer entonces, creo que creí, en forma de pregunta que guardé, como homenaje al silencio con que me bañé, para que mis ojos estuviesen bien abiertos.

El bienestar esperó con la calma de las palmeras bien tranquilas, esas que no invocan tempestades para divertirse, hasta que me tuvo cerca, levemente impaciente.

Qué decir entonces, siento que sentí, con el formato de la duda haciendo su aparición estelar, justo en la mañana de las certezas calientes.

El bienestar me agarró de las manos, aprovechando la distracción del estado dubitativo, para que quedara bajo el influjo hipnótico de sus ojos rojos.

Qué bondad que percibí, qué mareo comprometedor, qué descanso para la mente, llena de agua salada, sonidos de mar y un ardor suave de arena.

El bienestar apretó, con firmeza, sin una pizca de agresión, mis manos y me trajo con velocidad arremolinada al lugar donde el aire entraba a mis pulmones, con intención, sin pensamiento.

Qué abrazo que me ofrecí y acepté, en concordia absoluta con el corazón de todos los tiempos ya habitados, como pacto de amor, instintivo, nacido y criado con aliento apasionado.

El bienestar abrió sus brazos, trajo hacia mí todos los dones del mundo que sabían de mi alma, esperó a que amainaran los temblores con que mi cuerpo comprendió la ofrenda y apoyó sobre mi pecho mis propias manos, libres de toda duda. 


8.10.13

Llamados


El canto del gallo 

Está cantando desde hace siglos. Y es  hora de escucharlo.


Diego Oscar Ramos

Sí que te entiendo, claro, si cada vez que te miraste en el espejo estaba ahí, haciendo muecas de serio para que te dieras cuenta que el payaso tiene una nariz de plástico, que estaba desde siempre en tu bolsillo.

Por supuesto que sé todo lo que estás sintiendo, mientras la música de las palabras que guardaste en cada herida del tiempo se pasea, como modelo raquítica que deja de comer para moverse con la gracia de un fantasma que se fascina con dejar de estar cada instante un poco más.

Claro que puedo mirarte desde la terraza de las inquietudes metidas en bolsas de arpillera, porque tus historias están en las uniones de cada uno de los hilos que anudan mis pensamientos, a esta hora en que pareciera que nada puede decirse, o que todo está por desarmarse para siempre.

Tal vez sea la hora, para dejar de lado cada centímetro de tela con la que te estuviste cubriendo hasta ahora los kilómetros de ansiedades que imitaste para quedar bien con alguien que no estaba en el momento en que querías ser la carne de la carne, de ese cuerpo de donde saliste.

Quizás las mareas dejen de mover las rocas del fondo de las miserias pasadas de generación en generación, para abrir un canal, calmo, cálido, donde nadan hacia sí mismos los que ya tragaron mucha agua salada por las lágrimas que nunca les pertenecieron, pero adoptaron con incómoda gracia como propias, por creer que así tendrían un amor constante de ese cuerpo que fue origen, pero que debe ser despedida, por suerte de todas las suertes, que son, más bien, naturaleza sana.

Hay, con certeza sonriente, un paraíso donde las cosas no salen todas corriendo para abrazarnos, como caídas de los árboles con frutos irreflexivos, sino que cada célula de placer aparece como respuesta a una actitud cotidiana de querer, de pedir, de escuchar, de realizar, de concretar, de buscar, de saber, de encontrar, de poner calor humano en el juego de las realizaciones intercambiables.

Mejores vuelos se ofrecen, ahora que los pájaros regalan un canto que resuena en las tripas como un mantra vociferante, que se lleva como en un remolino impetuoso, todas las historias de nubes violentas y aquellas canciones de acunar traumas con que dormiste tantas noches de luna lejos.

Mirate ahora, que creciste a saltos de hormiga, caminata de halcón curioso por sabores de la tierra y vuelo agitado de humano que canta con voz de ala rugiente. 

Sentí como las puertas se abrieron para convertirse en ramas verdes de un templo vegetal, que tiene todo lo que necesitás para vivir un orden preciso, antes de la partida al medio de la selva, donde ser quien sos hará que la clorofila sepa de qué conversar cuando te presentes, humilde, para servirle con devoción, desde un cumplimiento feliz de un destino que se construye y se elige. 

Estás vivo. Y todo está por hacerse.


2.10.13

Percepción nocturna



El vientre de la belleza

En un ahora mítico, un ser humano descubre pretéritos mensajes, que ya le venían anunciando la llegada de una luna nueva, fuente de caudalosa limpieza.


Diego Oscar Ramos


Estabas ahí, eras madre, eras hija, eras amante que me hablaba con palabras de escritura erótica, que acaricia antes de llegar a un éxtasis que es de color amarillo. Y es una mano que va directo al pliegue de los momentos dulces, donde las ideas se desvanecen, o se acurrucan para ser amadas en la parte más carnal de su espesura.

Estabas ahí, lo siento ahora, que vi los horizontes de tus símbolos, donde el sol se viste de reinado que zigzaguea, en un mareo alcoholizado por sobre el mar, en una retirada épica de hombres lobo cuando la luna se aleja. Y la niebla camina por los campanarios que anuncian la llegada de seriedades diurnas.

Estabas ahí, lanzando palomas al cielo con algunos de mis nombres, para que dejaran mantras entre las plantas con las que hablo, cuando sé que las palabras tienen la clave para comunicar los sentidos del silencio.

Estabas ahí, sincronizando estelas de una barca que alguna vez nos cruzaría hacia espacios donde la noche se ilumina con autos veloces, en apuro mudo para nuestras apetencias de amor con potencia humana, en esa ruta de inquietudes. Y cosquilleo en el vientre de la belleza.

Estabas ahí, cuando la niebla convertía en siluetas que iban y venían, a todas las voces que traían cartas de vértigo, para desayunarme de verdades con cara de terremoto, que ahora agradezco con sonrisa de herejía y paciencia de anciano de una tribu que acepta y honra lo desconocido.

Estabas ahí, en un rincón donde los gatos miran realidades con tibieza de lluvia, dibujando armonías en colores estridentes, para que me diera cuenta de que todos esos abrazos de pan caliente eran para mi cuerpo.

Estabas ahí, eras la niña de los árboles, la mujer de las flores, la anciana de las semillas, soplando vientos de música viva por sobre los tejados donde mi nocturnidad dejaba marcas, para que pudieran alcanzarme, cálidos.

Estabas ahí, hembra humana, lanzando una gota feroz sobre mi cabeza, para llegar como cascada eléctrica al punto preciso donde mi mente abandona su ímpetu de marquesa despótica, para bailar tranquila este vals del renunciamiento, que desacomoda cualquier orden que pueda ser mortaja polvorienta. Y deja que las tripas vociferen amores mansamente perturbadores, entre animales con ojos clavados en un horizonte que saben misterioso. Y muy deseable.


30.9.13

Tiempo intenso

Constelaciones

Dando vueltas, sueltos, en la trayectoria libre de las cosas que son lo que son, ahí andamos. Y somos. 

Diego Oscar Ramos

En este momento, en que los momentos se agitan, las memorias se depositan y los atardeceres se disfrutan, leo las manos de mis manos. Y me río de mi risa.

En este instante, en que los instantes se agigantan, la velocidad se triplica y la potencia de vida se desnuda, sueño las caras de mi cara. Y me miro sin prisa.

En esta secuencia, en que lo secuencial se manifiesta, los movimientos de las cosas se evidencian y las huellas de cada paso se presentan con claridad, camino por sobre el sendero que dibujaron mis desplazamientos. Y sigo andando.

En esta órbita, donde orbitan las sensaciones, flotan en marejadas los pensamientos y la sangre circula con intensidad renovada, doy varias vueltas sobre mí mismo. Y me encuentro. 


3.9.13

Sensaciones

Dulce espesor de lo real



Palabras de trueno, para desentumecer las percepciones dormidas. Y vivir en estado de caricia eléctrica. 


Diego Oscar Ramos


Están ya del otro lado, cruzaron el puente. Lo habían buscado, lo habían planeado, alguna vez, hace tanto, tal vez. Y están ahí, ahora, subidos a la torre de las sensaciones tibias, esas que atraviesan los sentidos, todos, como una hermosa brochette que los mantiene suspendidos en un plano celestial terrenal, dados vuelta, dejando que la vida les acaricie la panza, como perros contentos, entregados con confianza. 

Están abrazados al calor de un cuerpo que ya no se distancia ni se espeja, sólo se complementa, se integra, se desintegra, se rearma, se estremece, se convierte en carne de otra carne, en belleza que se mira con las manos en estado de firmeza y levedad, amando la electricidad que los dibuja con llamaradas susurrantes y recorre sus columnas vertebrales, vociferante.

Están escuchando la música de una ciudad que los cobija con la luz de un amanecer que es madera crujiente, fuego excitante en una salamandra noble, ojos que se recuestan dentro de la frente, para besar cada neurona, con potencia de juego y amor de planta selvática.

Están pedaleando en una oscuridad llena de estrellas, que los guía con sugerencias de recorrido, con leves palabras de aliento y un regalo de certeza que calienta las tripas y da fuerza a las piernas para andar la vida, con emoción de seguridad constante y entusiasmo de sorpresa continua.

Están sintiéndose, acompañándose, desentumeciéndose, amasándose con pericia de quien construye un mundo cálido, apenas con las ganas de que todo sea nutritivo, integral y verdadero. Y el alma dispuesta a que todo lo que se haya pensado como posibilidad, sea un hecho concreto, palpable, real.

Están vivos y el agua del tiempo los bendice con códigos nuevos, que se despliegan en sus voces, cuando despiden sonidos adorables, que bailan en el cielo, unidos al alimento vital que los niños saben ver, cuando refriegan sus ojos en intuición mágica y se entregan al hipnotismo de ver danzar el universo en su pantalla de párpados cerrados frente al sol.

Están ya del otro lado, cruzaron el puente. Y caminan, corren, juegan, con la seriedad de un monje erótico, que ríe a carcajadas y se llena de silencio, que salta los muros y aleja tempestades, para llevarlas donde deban ser fruto de algo diferente, que aquí ya aconteció, como goce de un instante, solar, donde los pechos se llenan de proteínica inconsciencia, para hacer la vida. Y amarse.

   

25.8.13

Visiones

Encuentros verdaderos



Hay misterios, hay verdades, hay secretos, hay preguntas, hay silencios, hay respuestas. Y en cada segundo podemos habitar y ser habitados por todo eso, sutil y majestuoso,  que se manifiesta en lo que fuimos, somos y seremos.



Diego Oscar Ramos (texto y dibujo)




Es algo que pasa cuando podemos despejar las capas que anteceden el contacto directo. Es más bien el camino entre las ganas de llegar a ese sitio y la sensación de tener las manos sobre la masa, con el amor que requiere cualquier manera de amasado. Y toda forma de encuentro.

Es eso que se abre cuando dos miradas se dejan de pensar, para transparentarse en el tacto de las pupilas, que danzan la memoria del ensanchamiento y la contracción, como vía directa, sin tumbos ni desvíos, hacia el goce de verse de pie. Y firmes ante vientos helados, que empiezan a calentarse sólo por acariciar la entereza de los que saben que quieren, que pueden y que deben estar ahí, afiebrados de movimientos leves, que hipnotizan a las nubes.

Es esto, que toco, que invento, que reconozco, que descubro, que dejo que me toque con piel de crayones derretidos sobre un papel con sabiduría de vacío, lleno de goces ante la materia viva que dibuja palabras y escribe soles desnudos, que navegan trayectorias iguales, cambiantes, eternas.

Es así, en este deambular de silencios míos, de temblores nuestros, de sonidos de todos, como penetro la distancia que se desvanece con mi afecto, para mirarle la cara a la esfinge, con seguridad, pero sin desafíos, porque los dos sabemos, ahora, que la valentía no requiere de pruebas y que todo lo que debía hacerse ya aconteció, en el mareo de siglos que antecedieron a este encuentro sin acertijos.

Es aquí, en el marco de un cuadro que se pinta con los dedos contentos, donde me ilustro con sonidos que excitan y calman, que conocen los ritmos con que la luna acaricia a los hombres que han hablado con el dragón que la habita y saben que santo es aquel que reconoce que hay fuego en su vientre y agua en sus manos.

Es a mí, en la línea que va de los pies a los astros que aman esta caminata sin inicio, a quien hablan las voces de un sueño que está siendo, donde caballos blancos, princesas inquietas, fieras solitarias, lanzas afiladas y verdades sólidas llegan juntos para abrazarme, bien fuerte, y decirme, con mi propia voz, que estamos listos.

  

23.6.13

Rituales nocturnos


Soltar la lengua

Hay momentos donde las preguntas se van a dormir, los padres de la razón se van de vacaciones y las palabras se abrazan, en desmesura cálida.


Diego Oscar Ramos


Es así, lo siento en este momento, ni antes ni después, ni en alguna vez que hay que buscar en la gatera de las sensaciones, donde los maullidos del pensamiento perruno nos dicen que para encontrar algunos recuerdos hay que saber la contraseña, pero en el momento exacto en el cual nos la piden, porque no vale ir a buscarla en el papel donde alguna vez la anotamos para no olvidarla.

Es de noche, o más bien es madrugada, es alguna forma de anotaciones en la pared del temporal, son diseños nocturnos, con paquetes de sal arrojados al viento, como si los matrimonios que se han celebrado siguieran pidiendo elementos blancuzcos sobre las cabezas que ya no están así, como mirando al futuro, donde el arroz pueda confundirse con lo que sala la existencia.

Es silencio de negras, es un pentagrama vacío, en espera de guirnaldas estridentes que lo digan todo de una vez, sin pausas de espera a que el director vuelva a la sala, luego de sus salidas para fumarse la música que aún no trajo, para dejar a todos los instrumentistas con más aire del que sus bolsillos contienen para que su mano pueda entrar, cuando afuera hace frío, y las horas de ensayo terminaron.

Es sabido que nada se sabe, pero también se desconoce todo lo que está del lado absoluto del vacío, con tantos vasos de alcohol derramados en mesas de bares, cuando el mundo se podía desarmar en un soliloquio desesperado, mientras los cometas esperan que la idea precisa alumbre alguna mirada, que se transforme en caricia, para que el planeta salga disparado hacia fuera de la galaxia, en un periplo que tal vez tenga su linda lógica.

Es lluvia en los ojos, es invierno en la avenida, es calor en el grito feliz con que te abrazo esta temporada de vegetales arriba de la cocina, de fieras tranquilas, pastando la calma de un universo que ya no quiere carne animal en las mandíbulas humanas y una soledad de carnívoros vive acercándose al sol, para limpiarse el frío de las comidas últimas que coronaron su lejanía.

Es ahora que entiendo que cada idea se balancea sobre un mapa de raspones, todos juntos, en trayectoria de río caudaloso, rememorando caídas ciclísticas que son saber moverse en el hielo que una vez fue un lago, donde nadaban las monjas nudistas que celebraban su fe, desprovistas de hábitos antiguos.

Es que esta vez nada hay que desmentir a los testigos de los que armaron las valijas porque tenían que irse temprano, para despertar a los pájaros que arman bataholas en los árboles donde los ojos de los que quieren seguir durmiendo lanzan bombas de impaciencia. 

Es como si las palabras me dieran besos en las piernas, para que este minuto, las deje acolchonarse, juntitas, dándose calor, amándose de formas suaves, e invitándome a la fiesta de lo que no importa saber, para mirar al cielo y ofrecerse sin dudas a cuidar de todo, para soltar lo innecesario, antes de que el borde de las cosas se ponga cargoso y nos quiera hacer creer que lo que sentimos tiene nombre y lo que adoramos duerme abajo de la cama.


Es porque sí, nos fuimos a pasear, dejamos que la inconsciencia baile con las tías macanudas, para que lo justo sea necesario y la soledad una fruta abrillantada en el pan dulce que las deja mudas, al salirse del molde, para bailar en los salones navideños, en libertad de rito hecho cuando tiene que hacerse, sin almanaques ni rutinas que nieguen la magia, que te toca la punta de los dedos, para que te acuestes con ella. Y la multipliques. 


22.6.13

A tiempo



Está siendo


Un sueño nos despierta con dos o tres palabras que se repiten. Y una imagen que hace nacer un cardumen de sensaciones flotantes.



Diego Oscar Ramos



Un día será el día, en que todas las piedras que los niños arrojen al agua den más de un salto antes de hundirse, los ojos sorprendidos del baile pedruno sonreirán con entusiasmo y las manos que los acaricien les darán confianza eterna.

Un día será el día, en que cada hora apenas sea una hora, sin relojes observados con apuro que hagan que cada segundo sea una necesidad de pasar, de seguir pasando, de que por favor pase, para que un minuto en la vida de cualquiera sea una gracia y nunca más un padecimiento.

Un día será el día en que los hermanos estarán hermanados, los padres apadrerados y los abuelos abuelados, todos seguros de sentirse queridos desde el primer rayo del sol hasta que la luna se meta en los sueños, besando de blanco las mejillas adormecidas, ahora tibias.

Un día será el día, en que los pájaros harán nido en cada rama que los elija para ser parte de lo que vivan, cada tarde de sol sobre los árboles y toda mañana de lluvia sobre las hojas que se mueven, siempre, pero mucho menos cuando tienen que proteger a las criaturas que pronto volarán para ser cielo.

Un día será el día en que las lombrices irán, una a una, haciendo túneles por el asfalto de las ciudades, dibujando adoquines en cada calle, ofreciendo aire a los pies que caminan esos veranos que incendian los andares.

Un día será el día en que todas las palabras serán parto feliz, tranquilo, placentero, de conversaciones frescas, alimenticias, sabrosas, que llegarán al paladar como frutas maduras, en su punto justo, jugosas, apetitosas, bellas.

Un día será el día, en que ya no se hablará nunca más del futuro, de pasos que están adelante o conquistas que insuman mucho pensamiento y todos nos vestiremos de nubes, sin rayos, que navegan por fin la tierra, sutiles, resplandecientes, tranquilizadoras. Y eternamente presentes.  


9.6.13

Sensaciones

Calma de truenos



Investigaciones nocturnas, entre los pliegues de las certezas y las rendijas de lo que se manifiesta.






Diego Oscar Ramos


Hay una sensación de distancia al leerte, con el brazo de las pausas bien erguido, sobre el hombro del compañero de juegos que está adelante, al frente de lo que ya fuiste, de lo que serás cuando dejes de lado los tiempos helados y los ríos de lava sobre la piel.

Hay una sensación de salud, de copa en alto sobre lo que está enfriando las fiestas, para calentar los alientos y desnudar de arañas todos los cuadernos íntimos que me regalaste para repartir entre las noches de tormenta, que serían verde sobre amarillo, naranja sobre violeta, paciencia sobre perdón, encierro sobre tibieza.

Hay una sensación de árbol creciendo en el fondo del mar, entre las ventanas oxidadas y la caja fuerte de un barco que decidió anclarse en lugares donde el sol estuviese lejos y las arenas eternas cerca, para sentir que los peces pueden ser habitantes y los olvidos un secreto necesario para el alma que todo lo recuerda.

Hay una sensación de destreza animal, de instinto racional haciendo un nido sobre las casas que sembraron pasto en las azoteas donde la ternura se extiende con deseo y las aguas pasan sin prisa, para jugar al crecimiento de todo lo que se adueña de aquello que quedó suelto, deshecho, anudado.

Hay una sensación de goteo sudoroso, de máquina de vapor, de rieles firmes sobre estepas para aventureros, de marcha certera entre mundos que se desmoronan y grietas que dejan pasar la luz fosforescente de cientos de dibujos de niños hipnotizados por el presente.

Hay una sensación a madrugada con pan recién horneado, a ronroneo de gata en celo, a humedad de belleza palpable, a encuentro cercano con la mirada que nunca se escapa del fuego.

Hay una sensación de ahora, de perros mojados secándose en el pasto, de plaza nocturna con manos de paraíso, carreras de bicicletas sin frenos y una calma de truenos, despertando esta lluvia que me habla, para decirte todo esto, que ya dejó de ser neblina, de una buena vez.


18.2.13

Puntos de pasaje



Del otro lado

Para muchos hechos, bien valen algunos dichos, que pueden nacer como preámbulo de una entrega a la acción que nos construye, con preciosa desmesura.


Diego Oscar Ramos


Si te contara lo que es. Si te dijera cada gota que se desparrama sobre el cielo. Si te mostrara cada una de las manivelas de lo que se desplaza despacio.

Si me diera hambre en este instante. Si me buscara dentro de barriles de alcoholes eternos. Si me encontrara en sobriedades deslumbrantes.

Si te diera miles de abrazos hipnóticos. Si te señalara lugares donde las nubes descansan y las constelaciones piensan.

Si me desesperara por ya no más desesperarme. Si me aliviara por encontrar en un cajón todos los alivios. Si me iluminara con la palabra que me mira con paciencia.

Si te deseara con la pasión de un cataclismo. Si te tocara con la sed del polen. Si te rugiera con la dulzura de una fiera.

Si me alzara en vuelo real. Si me ofreciera majestades insólitas. Si me regalara potestades cómicas.

Si te abriera portones. Si te expandiera jardines. Si te honrara con claves.

Si me tomo de la mano. Si me llevo hasta el lugar. Si me  presto atenciones.

Si te veo al otro lado. Si camino hasta ese sitio. Si te escucho con mis manos. 

Nazco. Del otro lado. 


2.2.13

Transformaciones

Sé que están bien 



Palabras que llegan, una a una, para transmutar en vida y calma, lo que la vida enseña con dolores y partidas.

Diego Oscar Ramos (para mis padres)




Es ahora. Todo el tiempo se construye en este momento lleno de momentos, adentro de adentros, con todos los segundos que se amontonan en el salto que transforma una lágrima en sonrisa. 

Es ahora, cuando la vela que prenderé para rezar por el alma de mis padres ya está iluminando lo que siento, igualando en ese balanceo de la llama con el viento lo que está pasando por dentro, esa mezcla de certeza con dolor, de calma con turbulencia.

Es ahora, en este temblor de las tripas y en esta claridad que percibo en el centro de mi frente, que juegan solemnes algunos sentires, con risotada de duendes y delicadeza de ranas en un estanque de oro.

Es ahora, impactado por la potencia de lo que es como es, que me enfrento al silencio feroz de una casa con ausencias. Y al mismo tiempo sé que habrá paz, que nacerá de una transformación.

Es ahora, con el cuerpo bendecido por el agua, que miro a los ojos a la vida, le digo que estoy preparado, para que los caminos que sean para mí los llegue a recibir con gracia, determinación y alegría.

Es ahora, en este mismísimo segundo donde las palabras nacen, que junto en una bolsa resistente cada movimiento insensible que haya salido de mis pasos. Y lo arrojo con ojos colorados al sitio que la energía sabia que organiza las cosas destina a toda acción que haya causado dolor.

Es ahora, cuando la potencia de la partida devastadora de quienes me dieron vida ha dejado huellas en el alma dolorida, que le hablo a la fuerza que hace crecer las plantas. Y le agradezco todo lo aprendido, además de pedirle más de una tormenta que lave poco a poco las tristezas.

Es ahora, que pude acompañar con dulzura y firmeza el pasaje de quien me trajo al universo al otro plano, que quiero tener como regalo la atención más plena. Para andar siempre con un cuidado que sepa ser amigo de la aventura y compañero cariñoso de la sensibilidad más humana. 

Es ahora, que aprendo con urgencia los dones del estar muy presente en todo lo que pasa, que aprecio una calma que conozco desde niño y la siento como uno de los tesoros más poderosos que me han dado al nacer. Gracias entonces a mis padres, que se entregaron al impulso irracional y hermoso de traerme a la vida. Y pocos años después hicieron lo mismo con mi hermano. 

Y es ahora, cuando la magia y el sentido de la existencia se manifiestan aún en los instantes más dolorosos, que entrego esa parte del cerebro que se embriaga con preguntas interminables y me convierto en sensación impetuosa de vitalidad, para ser quien vine a ser. Y sentir mucho más, todo.   

6.10.12

Sentido


Un sonido de belleza cariñosa
Adentro, bien adentro, una canción poderosa nos arrulla, eterna, el alma. Y renueva de sentidos todo lo que nos pasa, hasta lo que llega como un terremoto, barriendo lo que hasta ese momento creemos que es la vida.  

Diego Oscar Ramos

Hay un sonido que nos envuelve el corazón, con una gracia de caricia y un ímpetu de sanación. Está aquí, apareció en algún momento en el que la distracción de la mente permitió una llegada plena, sin ninguna de esas trabas que a veces podemos presentarle a lo que nos celebra como seres únicos, perfectos, indispensables. Y si estas tres palabras parecieran brotar del ego, es ese sonido de belleza cariñosa el que nos habla, de repente, sorpresivo, para decirnos que todos aparecemos en este mundo para traer una flor de aroma nuevo, que aporta su potencia a una vida que nos necesita. Aún cuando ha estado antes de que existiéramos y seguirá estando cuando nuestra carne sea parte del viento, bendita paradoja, que tiene sus recorridos laberínticos hasta que podamos sentirla.

Siempre habrá un instante en que nos demos cuenta, con los sentidos unificados, que todos tenemos un lugar que nos pertenece, una especie de radio de  vibraciones andantes con que vamos modificando lo que pasa alrededor nuestro. Y desde el cual nos dejamos modificar con las irradiaciones de tantos seres que integran la danza perpetua de nuestra vida. Hasta con los pensamientos dejamos una huella personal, con los que decimos en voz alta o los que guardamos sin darnos cuenta que se reflejaran en el rostro o las posiciones del cuerpo en el espacio que andamos, en silencio o a los gritos. Mejor cantar que gritar, hasta cuando la tristeza pediría grandes vociferaciones para sacarnos de encima lo que duele, como buscando vaciarnos de lo que no sirve o lo que lastima por dentro, con esa misma facilidad con que damos vuelta una bolsa con migas de pan cuando el alimento ya ha sido servido en la mesa. Tiramos al pasto esas cascaritas que supieron ser trigo, para que los pájaros bajen del cielo y compartan una fiesta de sanación, un banquete que cada día tenemos sólo con que al alimento del cuerpo se sumen miradas cálidas que nutran el corazón con brillo en los ojos y sabiduría en la boca silenciosa.

Hay tiempo para todo, para hablar y para esperar, para llorar o para pararse en otros pies, que son los mismos, pero casi se sienten como otros, para lograr andar por lugares que nos quieren sólidos, pero nunca duros, íntegros y sensibles, para hacer todo lo necesario para que los que queremos permanezcan sanos y felices. Muchas palabras bonitas, podrán sentir algunos oídos, a los que les reconozco la verdad de su duda, pero les digo que son momentos de creer, más que nunca, en la mejor de nuestras configuraciones. Para que desde ese ser que somos, el que tiene una canción propia desde que vio la primera luz, sea el que manifieste su sonido en el mundo. Ese cúmulo de vibraciones que pueden acariciarnos y acariciar, en un diálogo musical que nos de fuerza, para fortalecer a los otros que nos precisan. Para que andar sea como bailar, hablar como cantar y estar en silencio una forma de conectarse con el sentido que nos dio vida.


12.8.12

Instantes



 Arena


Papeles encontrados hablan, leves, de un encuentro. Y una eternidad con aroma de agua.


Diego Oscar Ramos - 2003


Caminó de rodillas.

Contenta de volver a sentir la arena mojada.

El mar estaba, de nuevo, contemplando la belleza de su ofrenda.

Estiró las piernas. Eterna. 

Hasta el cielo del amanecer.

Respiró con sus manos. 

Y lloró. 

Mojada de alegría.


1.8.12

Andanzas rítmicas


Espacio de despegue

Bailando con el alma en el aire y los pies en la tierra. Con la potencia del fuego en los cuerpos y en la mente la expansión del agua. 


Diego Oscar Ramos


Es uno de los sonidos. Es todos ellos, los que fueron elegidos para que sonría en este salón de inquietudes movedizas. La columna central se eriza por un calor de melodía que llega como regalo del cumpleaños que vivo cuando te siento cerca. Y me abrazo a tu cintura amiga de los inviernos salados, en mares donde el norte se hace sentir como temperatura y destino.

Es la mirada con que nos decimos que estamos acompañados, que es una bendición que las luces nos iluminen en este momento de gatos amándose en los techos. Y perros calmando sueños en sótanos llenos de huesos.

Es uno de los ritmos con que bailamos con las pupilas encendidas. Y los ganglios anchos de ganas de dar vueltas hasta que cambie de color la ropa que traemos. Y los animales que duermen adentro se despierten para ser espectáculo de instinto luminoso.

Es la mirada con que entramos al patio donde las plantas son espacio de despegue, con la sabiduría en el lenguaje que fluye en lo que crece, la calma de quienes bailan con las raíces en la tierra. Y cada célula como antena de una luz que alimenta. Y orienta.

Es uno de los sonidos. Es la máxima alegría posible que un cuerpo recibe y provoca, cuando los ángeles nocturnos bajan de los techos y corren por los cuartos donde la vida quiere ser movimiento. Y juntos saltamos al agua donde nacen todos los ritmos. Y nadie duerme.


26.7.12

Despertares


¡Por fin te encuentro!

Tiempos de palabras que entusiasman, con el cuerpo en el aire. Y el alma en la tierra.


Diego Oscar Ramos


Carta para el que soy. En un futuro que se abre en este instante de floración.


Hay un sonido que se expande desde el punto más central de la médula. Y una pureza que me espera en la puerta.


Carta para el que se ríe de noche, cuando ve faroles que se acarician con la neblina y dejan espacios de bonita confusión, en luces y sombras que se pliegan, sin temor al desvanecimiento.


Hay una paloma que se apoya en el borde del abismo, con alas limpias y el pico en alto. Mis ojos la miran, cerca del calor sedoso de saberme presente.


Carta para el que está siendo. En un ahora que tiene millones de células latiendo y una percepción del camino que nace para pies con zapatos despiertos. Y el alma lista.

8.1.12

Percepciones


Palabra musical 

Reflexiones sobre los placeres que pueden conectar a la escritura con la música. O de como gozar de la materia sonora puede ser transmitido a través de la escritura.

Diego Oscar Ramos

Amo el sonido de las manos sobre las teclas, ya sea en una computadora o una vieja máquina de escribir. El ritmo que se forma cuando los dedos encuentran cada letra para formar palabras me sugiere una música suave, hipnótica, que le agrada mucho a mi mente. Y esa sensación rítmica, que he disfrutado toda mi vida, suele ser el preámbulo necesario para un éxtasis absoluto que se da cuando las frases brotan con felicidad melódica. Las palabras pueden formar belleza en un orden que no está formulado en ningún manual, pero que el oído siente con placer y la mente reconoce como la unión perfecta entre el sentido y la forma. Y en ese instante, preciso y adorable, en que el lenguaje es música, el goce se vuelve don de reconocimiento de una potencia de vida que se muestra en el lenguaje.

Amo la escritura, porque me regala una manera propia de transmitir al universo la mirada, también movediza, que voy teniendo sobre las cosas que son, acontecen y tienen su sonido. Y ha sido la palabra escrita, en esa intersección misteriosa y fascinante entre destino y construcción que es nuestra historia, la forma más continua y expansiva en la que he expresado los sentidos armónicos que percibo. La escritura me ha permitido ofrecer la música que escucho dentro y fuera de mí, tanto en los sonidos que me cuentan paisajes internos como en las narraciones melódicas que escucho en lo que pasa a mi alrededor. Y cada dedo que se apoya sobre una tecla puede ser él mismo un instrumento de construcción de armonía.

Amo la música desde muy niño, la que reconocía en los libros, de los que extraía un néctar nutritivo que me llenaba de imágenes con relieve, sonidos y espesura. Y también la que aprendí a reconocer como un tesoro cuando tuve un grabador de regalo, junto con una caja llena de cintas de audio, que me causó una alegría impactante. Por entonces, tal vez a los ocho años, supe tener mis rituales sonoros, donde al goce permanente por la escucha musical se daba la costumbre de acostarme a oír esos sonidos maravillosos, que carecían de preconceptos por la calidad o el estilo, antes de dormir, con la luz ya apagada y la oscuridad como ámbito propicio para llenarme de imágenes y sensaciones. Con el tiempo, he sabido volver muchas veces a esa sensación de asistir maravillado a la construcción de universos, pero no sólo a través de la propia música, sino también a través de la escritura. Y este mismo texto, que nació a partir de una idea previa de contar mi relación con la materia sonora, supo crecer con la libertad de dejar aparecer lo que realmente quería ser dicho. Y fueron las palabras las que llegaron aquí para ser acariciadas y bendecidas, por la forma en que han sido amigas intensas a la hora de volver escritura los sentidos que mi cuerpo escucha como música.

Amo el sentido que  se manifiesta, aquí y ahora, cuando construyo mundos al ritmo de las teclas y me doy cuenta que desde que mi memoria comenzó a guardar algunas cosas del vivir, tengo una confianza total en lo que mis oídos sienten como armónico. Y es desde esta sensación de verdad que encuentro los órdenes más musicales de los textos que escribo, como si las ideas más claras tuvieran un eco sonoro que mi sistema perceptivo encuentra de inmediato. Si todo está en orden y no hay interferencias, básicamente anímicas, le doy crédito completo a esa escucha. Por eso, cuando al escribir escucho en mí oraciones que llegan con melodía indudable, las aplico con certeza en lo que escribo, con el ímpetu de quien puede improvisar sin ser improvisado. Y la inocencia experta de quien siente que cuando escribe, también hace música.


 

  Una de las músicas misteriosas de mi infancia. 
  Paisaje sonoro absoluto de Eno y Bowie, del disco Heroes.

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