sensaciones y pensamientos


Escrituras



23.10.14

Manifestaciones espontáneas



Espacios de ser



El alma se manifiesta. Y el cuerpo entero percibe la dimensión del amor, en cada poro del espíritu. Y cada célula del ánimo. 




Diego Oscar Ramos




De repente estamos dentro.



Y el color amarillo nos abraza, como una abuela de brazos fuertes y alma intensa.



Puede pasar en cualquier circunstancia. 



Pero es esta, la única, la eterna, la belleza de la presencia del alma, que llena todos los recovecos del sentir. 



Y nos transforma en sonrisa de niño, en entusiasmo de jugar un instante, que se manifiesta ahora, para gozar de una vida en colores cálidos y sanar vínculos, enlazar voluntades cantoras y manos amigas.




Y es así. De repente estamos adentro. 



Es una burbuja de paredes transparentes y acceso directo al cielo de mapas hermanos.



Somos parte de una escena que parece escrita con luces de fuego. Y sentidos de agua fresca.



La vivimos con paz de fluir y un andar galáctico. 



Agradecemos esto que nos está pasando, que podrá visitarse con respiración expandida, en futuros recuerdos de lo que supimos dejar ser, en tiempos de vida vivida, cuando todo lo que somos se convierte en puro ser que, por bendita gracia terrenal, apenas es.


 Y lo agradece.




11.10.14

Impulsos


Bailarín de montañas





Fuerza alineadora, besadora de mares, hambrienta de manos tiernas, te siento un un tesoro. 


Manía de vos, de mí, de un nosotros de tiempo real, de presente amado, palpado con sentidos transparentes, cálidos. 


Misiones de millones, millones de misiones, mansedumbre y relajación, intensidad y agitación, tormenta calentita sobre ideas calmas. 


Te abro mi alma a este segundo donde el tiempo me acaricia los dedos de los pies, recorre con potencia suave mi carne toda y se sueña bailarín de montañas. 


Estamos siendo un cáliz floral, una semilla de maíz sobre ojos nuevos.


Somos los gorgojeos de un pájaro esdrújulo, gotas de intensidad en el borde del silencio, beso de amor en el punto máximo del encuentro.


Vivimos la valentía del número indivisible, saboreamos la polenta del que conoce su calma y percibe sus conexiones eléctricas.


Y decimos que sí. 


Que somos. 


Estamos. 


Vivimos.




Diego Oscar Ramos
(imagen y texto)




9.9.14

intensidades



Palabra cabalgada



Palabra cabalgada
montada en instintos
atravesada de tormentas
inundada de afectos. 


Palabra cabalgada
dueña de desapegos
suelta de pertenencias
desarmada de prejuicios.

Palabra cabalgada
soñada por espasmos
acariciada por memorias
desnuda de tiempos.

Palabra cabalgada
presencia vociferante
aventura bailada
descontractura orgásmica.

Te regalo mi boca
para mojar de sensaciones 
los desiertos 
que atravesemos.




3.9.14

Hipnotismos serenos




Abrazo de agua cerca
   

Un remanso de sensaciones, un hermanarse con la sensibilidad manifiesta del paisaje que nos abraza, con ímpetu calmo. Y un amor sin tiempo. 



Texto: Diego Oscar Ramos - Imagen: Emilio Costas



    Un árbol, un tiempo verde expandido en las manos, una tormenta de quietud en un abrazo, calentito y eterno. 

      Un cielo en los pies, una caminata serena, recuerdos que se arremolinan sin viento por sobre la mente, convertida en agua.

      Una tierra, un espacio rojo, que nos vuelve amigos de la vida, con todas sus pasiones, sus voces, sus sentidos.

      Una lejanía, un vacío de palabras, que es paisaje, amable y presente.

     Una memoria de lo que viene, una risa de gigante noble, un llamado del mar, con amor de padre, agitando emociones y certezas.

      Un cuerpo, un silencio de verdad sólida, una brisa salada que habla de lo que está siempre, como tesoro de contemplación que acaricia.

      Una piel, una delicia de brazos unidos, una paz de movimientos intensos, un baile de gotas curiosas,  una señal del sol sobre los ojos.

      Una consciencia, un baño de luz, una serenidad de átomos contentos, un orgasmo del alma, mojadísima y hermosa.   





25.6.14

Encuentros



Hola, ¿estás ahí?



Instantes de diálogo, con preguntas, respuestas, silencios y otros condimentos, de esa ruta, constante, que se construye al andarse.



Diego Oscar Ramos



- Yo: Sí. Claro. Ahí estás.

- Ello: ...

- Yo: Claro. ¿Cómo estás? ¿Estabas esperando?

- Ello: ...

- Yo: Ah. Sólo estabas.

- Ello: ...

- Yo: Era yo que estaba esperando que me esperaras. 

- Ello: ...

- Yo: Ahora entiendo. Todo.

- Ello: ...

- Yo: Y entonces. ¿Qué es lo que tengo que hacer?

- Ello: Dejar de preguntar. 

- Yo: ¿Y ahora? 

- Ello: ...

- Yo: Cierto, que la cosa era no preguntar ya. Bien. Me entrego a lo que está pasando.

- Ello: Pensás todavía. Y mucho.

- Yo: Uf.

- Ello: Y te quejás con ese suspiro.

- Yo: Ah. Pero me estás hablando.

- Ello: Sos vos quien me quiere escuchar.

- Yo: Pero estás diciéndome cosas.

- Ello: Estás siendo estado de escucha de algo que necesitás oír.

- Yo: ¿Pero estás acá o no estás?

- Ello: ¿Y vos estás acá o no estás?

- Yo: Creo que sí, podría jurarlo.

- Ello: ¿Alguien pidió que hicieras un juramento?

- Yo: No, pero sentí que me creerías más si decía eso.

- Ello: Bien. Estás con un tema de confianza que salió a la luz en esta línea de diálogo.

- Yo: Entonces estás acá. Y estamos dialogando.

- Ello: Entonces hablábamos de juramentos y confianzas.

- Yo: Y credibilidades.

- Ello: ¿Crees en vos mismo?

- Yo: ¿Por qué me lo preguntás?

- Ello: ¿Quérés ganar tiempo para pensar con esta repregunta?

- Yo: Quiero ganar.

- Ello: Bien ahí. O sea. Estás en estado de pregunta y te viene bien este juego de preguntas y de respuestas.

- Yo: Puede ser. Quería hablarte. Y siento que estás frente a mí.

- Ello: Estoy siendo, como era en un principio.

- Yo: Ahora y siempre.

- Ello: Por los siglos de los siglos.

- Yo: Si digo amén parece que estamos rezando.

- Ello: ¿Y eso que te hace sentir?

- Yo: Me hace sentir que rezar puede ser una linda forma de comunicarnos con calma, con entusiasmo, con paz.

- Ello: Mucho pensamiento dando vueltas.

- Yo: ¿Me estás retando?

- Ello: ¿Querés sentirte retado?

- Yo: Me hiciste recordar tiempos lejanos.

- Ello: ¿Hablás de la infancia?

- Yo: Hablo de algo que apareció en algún lugar del cuerpo cuando mencionaste la palabra retar.

- Ello: ¿Imponerse retos te parece una forma de recuerdo de la infancia?

- Yo: Nunca lo había pensado así, más bien parece que los retos son una especie de desafío que nos ponemos para llevarnos a nosotros mismos a otro lado.

- Ello: ¿Ganar es ir del otro lado?

- Yo: No me acordaba que había hablado de ganar, eso lo dejamos de lado.

- Ello: ¿Hablás por mí también? ¿Cómo sabés que lo dejé de lado?

- Yo: Bueno, es cierto, hablaré por mí.

- Ello: ...

- Yo: Quiero pasar del otro lado, aunque aún no sepa del todo lo que habrá del otro lado, es apenas una sospecha de bienestar mayúsculo, que sospecho por momentos gloriosos en que creo haber estado allí.

- Ello: Y si ya estuviste, ¿por qué te fuiste?

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: Me descolocaste con esa pregunta.

- Ello: ¿Sentiste como si te hubiera tocado con mis palabras?

- Yo: Como si me hubieras desplazado de una roca que creía sólida en su sitio.

- Ello: Tu serás mi roca.

- Yo: Eso sonó como el inicio de una relación maestro discípulo.

- Ello: ¿Y eso te hace sentir bien?

- Yo: Bueno, uno suele buscar referencias, apoyos, guías.

- Ello: Y ahora la guía que buscaste te sopló el palacio de cartas.

- Yo: ¿Pero no hablábamos de una roca?

- Ello: De una roca que puede ser de papel.

- Yo: Uf.

- Ello: Vuelve la queja, aunque la percibo más suave.

- Yo: Si percibís es que estás acá.

- Ello: Estás más ocupado en que esté yo.

- Yo: Es que si estás acá, no me siento solo.

- Ello: ¿Necesitás de mi aprobación para sentir que tu roca no es de papel?

- Yo: Tal vez lo que quiera es que me digas que estoy también. Y que hay algo sólido bajo mis pies.

- Ello: ¿Cómo podría yo saber que lo que pisás es sólido si los pies son tuyos?

- Yo: ¿Y cómo podés preguntarme eso si te creía presente en cada gramo de materia que hay en el universo?

- Ello: Es muy linda la imagen con la que acariciás tus neuronas, amantes naturales de las sentencias absolutas.

- Yo: Me tranquiliza sentir, ahora mismo, que tu presencia es real.

- Ello: ¿Y qué sentís con respecto a tu propia presencia?

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: Siento, luego existo.

- Ello: ¿Por qué luego?

- Yo: ...

- Ello: Uf.

- Yo: Te quejaste vos también.

- Ello: ¿Y qué sentiste con eso?

- Yo: Que soy humano.

- Ello: ¿Si yo me quejo vos sos humano?

- Yo: Es que sentí que me estabas imitando, jugando con algo que es muy mío. Y ahí sentí que era un ser humano.

- Ello: ¿El ser humano es humano porque se queja?

- Yo: No solamente. Pero empecemos por algo. Ahí surgió algo que no encontré que pudiese ser parte de nada de lo que conozco con vida.

- Ello: O sea, aclarando un poco los tantos, nunca viste a nada vivo que tuviese una actitud de queja ante las cosas que le pasan.

- Yo: Bueno, me parece que no. Oh, más bien, siento que no, con certeza.

- Ello: ¿Conocés entonces todas las manifestaciones de vida que puede haber en todo lo que existe?

- Yo: No necesito saberlo con la mente, fue una especie de pálpito inmediato, que me hizo sentir abrigado de certezas.

- Ello: Que bueno que sientas calor en esa sensación.

- Yo: ¿Me estás aprobando la sensación?

- Ello: Veo que estás atento.

- Yo: En otro instante te hubiera agradecido. Pero no tengo ganas de decir nada de eso. Me siento bien, ahora. Y me agradezco tanto.

- Ello: ¿Qué te agradecés?

- Yo: Este instante. Y los pasos que estoy dando. Ahora.

- Ello: Estás cruzando.

- Yo: Sí. Estoy llegando.

- Ello: Mis brazos te esperan.

- Yo: Mis brazos te buscan.

- Ello: Estoy.

- Yo: Estoy.

- Ello: ...

- Yo: ...

- Ello: ¿Y ahora?

- Yo: Ahora te encontré.

- Ello: ¿Y qué sentis?

- Yo: Que me quiero mucho.

- Ello: Felicidades. Bienvenido a este lado.

- Yo: Muchas gracias.

- Ello: ¿Ya no más preguntas?

- Yo: Claro.

- Ello: Bienvenido nuevamente.

- Yo: ¿Puedo preguntar algo más?

- Ello: ¿Hace falta?

- Yo: Sí.

- Ello: Bueno, una sola pregunta.

- Yo: ¿Estoy acá?

- Ello: ¿Cómo?

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: ¿Te lo creíste?

- Ello: Creo en vos.

- Yo: También creo en mí.

- Ello: Sigamos andando entonces.

- Yo: Sigamos. Por los siglos de los siglos.

- Ello: Así será.

- Yo: Así es.

- Ello: Ahora.

- Yo: Y para siempre.

- Ello: ...

- Yo: ...

- Ello: Bueno, pero mejor sobre el tiempo hablamos en otro momento...

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: Sin más comentarios entonces.

- Ello: ...

- Yo: Por ahora.

- Ello: ...


16.6.14

Eternidad




Agora


Todos los sentidos hermanados, como intuición de respuesta absoluta, esclarecedora, poderosa, para vivir mejor.



Diego Oscar Ramos




Unirse al movimiento. 


Al de la vida, que escuchan todas las células. 


Alinear a las neuronas a esa percepción. 


Gestar un estado de salud a partir de esa escucha. 


Ser desplazamiento, de electricidades magnéticas. 


Ser integridad e integración, fluidez y firmeza. 


Ser quienes somos, cuando somos quienes somos. 


Ahora mismo.

4.6.14

Madrugada de voces


De este lado del tiempo

Sensaciones de agua abrazan un alma inquieta, que busca andar con pasos firmes y el corazón atento. 


Diego Oscar Ramos


Presencia real, en el centro del pecho, ahora que las rosas de tu jardín me hablan en un lenguaje de ojos húmedos y almas abrazadas a lo que es poderoso, porque solamente es, porque ya nació, porque está de este lado del tiempo.

Presencia real, en el agua de mis pensamientos, que van muchas veces en paralelo a lo que el cuerpo quiere como regocijo cotidiano, por lo que le manda cartas certificadas para llamar la atención de la mente y pedirle descanso.

Presencia real, en la certeza de las tormentas, que se abren espacio entre los dedos de los pies, para mojar de transparencia los pasos que daremos desde este mismo segundo en que las palabras acompañan el ímpetu del corazón atento.

Presencia real, en el espíritu empapado, que sueña con una integración gozosa de tierras, mares, desiertos y montañas, en un mapa vivo, de ser humano que baile los misterios con esperanza de calor solar, aún en la noche más oscura.

Presencia real, de la potencia de transformación, en las manos que acarician, en las ideas que se alinean al afecto, en las caminatas en silencio, escuchando la música del orden con que las cosas saben ser caos, para bendecirnos de armonía eterna.


14.5.14

Percepciones

Ternura solar


Aunque su toque no llegue a veces a la superficie de las cosas, su presencia puede presentirse en cálidas meditaciones.


Diego Oscar Ramos



Meditación del día de hoy, llega como una pluma que descansa sobre techos que la asisten en su vuelo, antes de proseguir su viaje por mentes afiebradas que se alivian con su levedad.

El aire sobre las azoteas, donde las sogas cuelgan ropas que ya se han humedecido por el rocío de la noche, apaga ideas sin retorno, que podrían haber hecho naufragar a mentes que confundieron aventura con desvarío.

Las gotas se palpan en un tiempo desgajado, cuando permiten reconocerlas en su solidez, antes de abrazarse con frenesí al suelo, donde adrede se convertirán en parte de un todo mojado, metáfora viva de la unión infinita de lo diverso.

Las ideas, agolpadas detrás de alguna camiseta olvidada por semanas en la terraza, quieren llegar para presentar un certificado de supremacía, pero es tanta la niebla que cualquier posibilidad de prepotencia intelectual queda opacada por la presencia robusta del misterio blanquecino.

Meditación de la mañana, esta misma, donde el sol espera sin desesperación por la hora en que la nubosidad se despeje, para participar de un banquete de calor esparcido y ser parte de un diálogo con todas las cosas que aceptan su toque caliente y su mirada tierna. 



11.5.14

Vuelos espiralados

Caricias de alondras


Sincronías, movimientos, danzas: formas sutiles del amor triunfante.





Diego Oscar Ramos


Es la hora en que las ratas bailan en vals del encuentro. Se miran a los ojos, se piensan sin reloj en las piernas y se lanzan a las aguas del movimiento.

Es el tiempo en que los silencios de los castores se meten entre los dientes que roen las maderas antiguas, para construir espacios vociferantes de sentido, donde descansar de sonidos planos y cantar cada rincón con alegría de completud.

Es la distancia desnuda en que las alondras se desperezan memorias que ya no mueven ni un pelo, para entrar en un salón lleno de sillas corridas, mesas repletas de alimentos y un piso de madera donde resbalar con placer.

Es la mano con que acaricio tu presencia y me dibujo con trazos de oro sobre tu ombligo, para convertirme en espiral curioso por abrazarte con canciones.

Es el ojo de tu lengua sobre la piel que te regalo para que nos vistamos de átomos enamorados de la vibración constante con que hacemos la vida, juntos. 




10.3.14

Sensaciones


Andanzas de fuego 

Sentir, andar, percibir, soltar, imaginar, saber, construir, amar. Todo está pasando ahora, que el tiempo baila la risa del mundo. 


Diego Oscar Ramos


Es un misterioso misterio el que se expande en mis manos, con voz de soles estallando de amor de niño entusiasmado.

Es un silencio de amapolas el que me habla desde adentro del alma, extasiada como insecto ante la flor que lo llama en urgencia festiva, con promesa de polen y certeza de encuentro.

Es un intelecto renunciando al trono, el que se siente acariciado por un amanecer que nace con meditaciones eléctricas, que calman la velocidad del cardumen de pensamientos mojados. 

Es un goce de montaña amable, que acerca su cima a los pies que la celebran entregándose a la caminata porque sí, porque hay ganas, muchas, de tocar las nubes donde la paz abraza a quien la busca con pies decididos.

Es un fuego vociferante, que levanta vuelos para vestirse de ave enamorada y anunciar a los cielos que la unión es posible, que está llegando, que besará con deseo los pies de un planeta que lo llama.

Es un canto de luciérnagas en un día de lluvia, a la hora en que los mamíferos se acuestan para percibir el mundo de ojos cerrados y cuerpo abierto a los sonidos.

Es un andar de piernas fuertes, brazos acompasando la trayectoria segura y mirada expansiva, que disfruta de la lejanía y presagia hogares en el camino. 

Es una mañana que crece, que le habla a las células de este cuerpo, que se levanta, deja de escribir, ahora que dijo lo que sentía y que las palabras, todas, quieren ser movimiento. Y ya lo están siendo. 

17.2.14

Percepciones


Pacto de alegría 

Es preciso un cambio de transistores al mecanismo histórico de los pensamientos grises sobre el mundo. El tiempo es ahora, dicen los mares. Y los escuchamos.


Diego Oscar Ramos


Es el día en que todos los mares se sublevarán para salpicar cada pensamiento triste. Y sucederá, lo sé, lo presiento, lo escucho en las nubes que miran con risa leve, que ni precisa llegar a carcajada para ser signo de felicidad.

Es el silencio previo a la marcha grata sobre los cabellos o las calvicies que operen como escudo ante las aguas calientes sobre las ideas frías. Y será una humedad vociferante, astuta, estratégica, la que se meterá en los cerebros, para inundarlos de ocupaciones que desesperen de sentido a toda angustia que crea que su guarida mental las mantendría bien secas y sólidas.

Es la conversación de moléculas acuáticas. Las siento pasándose instrucciones, de un lado al otro del mundo, trasladando mensajes que unificaron de entusiasmo conjunto el color de todos los océanos y ríos. 

Es la inquietud, misteriosa, que ya se percibe en millones de cabezas, que primero tienden a taparse frente a algo que sospechan que está por caerles, pero después, vaya a saber por qué súbita entrega a una intuición de transformación deseada, caen al suelo gorros, sombreros, pelucas y paraguas, en una coreografía inesperada. Y bellísima.

Es la manera en que las aguas del mundo dieron un salto integrado, grupal, instantáneo, para depositarse sobre cada cabeza humana. Y lo estoy viviendo, algo está pasando, adentro, la mojadura pasa rápido por los poros y no resbala hacia el suelo, que se sequísimo y calmo, como la electricidad que enlaza las neuronas que ahora bailan, se abrazan y cambian de lugar, paseando por lugares cerebrales que no habían conocido antes, tan quietas en las funciones programadas. Y estáticas.

Es el día, en que mis palabras quieren movimiento, caricias, pasión, con urgencia de corporalidad viva, con placer de integrarse a una cabeza que estalla de mapas nuevos, mutantes, expectantes de mojaduras existenciales continuas, que impidan rigideces y congelamientos. Todo se agita en el aire, me digo, con la sensación de cráneo abierto al viento, mientras las nubes lanzan, sí, una risotada llena de truenos. Y llueve como nunca. Para sellar el pacto conjunto. Y más limpios, empezar todo de nuevo.


18.1.14

Tiempos de ímpetu

Comunión de 
roce eléctrico

Las palabras bailan, de un lado a otro de los cuerpos, como adoración de lo que juntos encuentran, como signo de vida compartida.



Diego Oscar Ramos


Es así como lo sentís, aunque te agarres la cabeza al pensar en lo que es en su inmensidad impalpable, esa sensación que te expande el pecho hasta que los árboles pierden su timidez para saludarte. 

Es así como lo vivís, porque las piernas se desesperan por tomar impulso y dar una ronda tremendamente sensual por la marea de miradas sin viento con que ella te celebra, cada vez que la adorás con ojos de alfombra voladora.

Es así como llorás de goce, cuando las manos del tiempo juntos, cáliz de laberinto soleado, los dejan de piel vociferante, en días de cielos violetas y caminos con cara de bicicleta.

Es así, lo intuís con ese calor que el alma conoce en inviernos de arroparse de puro placer, con los dedos de los pies buscando tocarse para inaugurar un decirse millones de cosas, en comunión de roce eléctrico.

Es así, como lo pensás ahora, que el corazón galopa senderos conscientes y las neuronas descansan en un catre de certezas gloriosas, que vinieron sin ser llamadas, como visita inesperada de una maravilla eterna.

Es así, como te lo repetís, en escalera de disfrute de palabras que van y vienen, del sótano a la terraza, para convertir lo que parecía disperso en un bloque de calidez que querés habitar para siempre.

Es así, como se manifiesta en su potencia arrasadoramente ordenadora, atrapando sentidos que pueden estar disponibles, pero precisan de esa atención de insecto enamorado de las flores para que se vuelva presencia real, con ímpetu de baile intenso. 


Es así, como lo dibujan los brazos en alto, en el cuarto repleto de gotas de música, invocando un leve caos, calentito y amigable, que enaltece con suavidad esos pasos de danza espontánea, signo de entusiasmo compartido.

  
Es así, te das cuenta, cuando sus dedos te hacen más hermoso y tu vientre la desnuda de miedos, con esa inmediatez de lo que actúa con la gracia de la naturaleza y la verdad de lo que brota sin espacios de duda, con la voz del instinto y las caricias de lo que se elige con el alma.   


22.10.13

Despertares

En nuestros brazos


Una música selvática inspira recuerdos que parecen venir de un lugar con espesura mágica y sensaciones de realidad expandida.

Diego Oscar Ramos

       Me despierto en tus brazos, sin recordar cómo es que estuve en medio de ramas, peces y pájaros, antes de amar las caricias de mujer selvática que me regalás para que mire el mundo que se levanta a mi alrededor, festejar que sigo aquí, que puedo levantarme y que elijo estar abrazado a tu cuerpo.

       Cuándo fue que mis ojos se cerraron para bailar con gacelas brillantes no lo recuerdo ahora, que sólo llegan palabras de bronce, para imantar con flores esa mirada tuya, que me dicta sonidos que aprendí a reconocer como propios, justo cuando corrí sin pensamiento. Y escuché un rugido que me habla, desde mucho antes de que pudiera atender sus pedidos de fe, calma e instinto. 

       Todo esto lo hablo ahora, con el blanco de tus ojos, perdidos en el goce de un orgasmo que nos sostiene y nos pone nombres nuevos, para que saltemos por sobre muros que nada tiene para contarnos, ahora que los músculos fuertes nos llevan por camas voladoras. Y las alas del tiempo derriten miedos para que andemos libres, sueltos, poderosos, amantes. Esto que digo, que me es dicho, que siento tatuando memorias futuras en la carne, se vuelve imagen, que destrona reyes antiguos, dueños de un oro que encandilaba las ganas de salir a buscar dioses nuevos, en las palmas de los pies. 

         Somos caminata, lo percibo, en el ruido deseado, de agua que llama al viento, que se levanta por cielos secos, moja las sensaciones de quietud y hace crecer piernas andantes, que no preguntan dónde quedan los puentes. Porque el calor de un huracán cuidadoso trajo brazos que construyen sentidos sólidos y vientres que saben el código de los tambores, cuando piden verdades que crucen con certeza la espesura de esta floresta. La que dibujamos cuando nos amamos con ímpetu vegetal, gestando universos cercanos, con belleza de luz que se transforma en alimento y sabiduría de quietud elegida. 

       Podemos parecer estáticos en esta mirada enlazada, en este abrazo renovado por un despertar repentino, de suavidad inquieta, luego de atravesar espacios dentro de espacios, hablando con pumas violáceos, de ideas que aparecían de sólo moverme. Y me lo contaron todo, lo que los dos queríamos conocer, sobre el día en que las fieras dejaron de comer otros animales, para deslizarse por túneles de silencio que saciaban todo hambre. 

        Ahora que todo te lo cuento en este abrazo humano, puedo cuidarte para que busques secretos del agua, en cascadas eternas que encontrarás, al otro lado de tus ojos, mientras te canto himnos de protección. Y veo cómo llega tu sueño, despacio, hipnótico, entre mis brazos.


17.10.13

Ojos bien abiertos


Aceptar la certeza

Soñar despierto. Despertar del sueño. Tomar los tesoros que llegan con fluidez, ahora.


Diego Oscar Ramos


El bienestar de lo que nace despierto, se me apareció, con la desnudez del asombro en las manos y me miró sin sonidos.

Qué hacer entonces, creo que creí, en forma de pregunta que guardé, como homenaje al silencio con que me bañé, para que mis ojos estuviesen bien abiertos.

El bienestar esperó con la calma de las palmeras bien tranquilas, esas que no invocan tempestades para divertirse, hasta que me tuvo cerca, levemente impaciente.

Qué decir entonces, siento que sentí, con el formato de la duda haciendo su aparición estelar, justo en la mañana de las certezas calientes.

El bienestar me agarró de las manos, aprovechando la distracción del estado dubitativo, para que quedara bajo el influjo hipnótico de sus ojos rojos.

Qué bondad que percibí, qué mareo comprometedor, qué descanso para la mente, llena de agua salada, sonidos de mar y un ardor suave de arena.

El bienestar apretó, con firmeza, sin una pizca de agresión, mis manos y me trajo con velocidad arremolinada al lugar donde el aire entraba a mis pulmones, con intención, sin pensamiento.

Qué abrazo que me ofrecí y acepté, en concordia absoluta con el corazón de todos los tiempos ya habitados, como pacto de amor, instintivo, nacido y criado con aliento apasionado.

El bienestar abrió sus brazos, trajo hacia mí todos los dones del mundo que sabían de mi alma, esperó a que amainaran los temblores con que mi cuerpo comprendió la ofrenda y apoyó sobre mi pecho mis propias manos, libres de toda duda. 


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