sensaciones y pensamientos


Escrituras



28.4.16

manifiesto espontáneo


Vivir el arte liberador, su potencia, en un ahora constante es enormemente más interesante que convertirse en historiador o adorador de etapas del arte en las que se lograron frutos emancipadores. Y buscar, una y otra vez, como podamos, como aprendamos, la manera en experimentar la alegría estética más intensa, me parece tanto más poderoso que apenas conformarnos en ser fanáticos de algunos artistas que sentimos que pudieron acceder a la genialidad de hacer lo que realmente querían hacer.

21.4.16

mapa y territorio

Símbolo: guía o mareo.

Una carta es una carta. Un dibujo es un dibujo. O todo lo que puede emanar de ellos, lo que pueda desatar de lo anudado, lo que pueda amplificar de lo no escuchado. Pero delante, al costado, alrededor, antes, después, en el inicio, está la vida misma. Y si el juego con los símbolos nos marea, podemos creer que la existencia es apenas el manejo de los elementos simbólicos, creyendo que sólo se trata de navegar con cierta destreza un mar de imágenes o sonidos que embriaguen los sentidos de otros seres. Pero antes que convertirse en sacerdote de un culto mesiánico, cuánto mejor crear un mundo donde todos los seres tengan una claridad del poder de ciertos mensajes cifrados, para conocer poéticamente la belleza paradisíaca del mundo como es, en su intensidad más abrumadora y afectiva. Y si esto parece muy lejano, alcanza con vivir la hermosura de un abrazo dado con el corazón abierto al misterio, antes que perderse en una glorificación fría de cualquier sistema religioso de observar la realidad. Podemos compartir algunas barcas simbólicas para andar sobre las aguas de lo desconocido, pero siempre atentos a que tenemos pies para correr felices por la tierra firme, de lo que simplemente es.

26.1.16

Confluencias

Acto de magia

Al escuchar por primera vez el disco Blackstar de David Bowie, tal fue la sensación de trance gozoso con su potencia sonora y su universo esotérico, que antes que analizarlo técnicamente, necesité dibujar el mundo misterioso hacia donde me llevaba.

Diego Oscar Ramos - Enero 2016.

Publicado originalmente en el blog Audio Profesional y Producción Musical , a cargo dela artista múltiple y aventurera vital Iris Etcheverry, que así presenta el texto: Esta sección pretende relatar las emociones que nos convergen cuando escuchamos música, cuando descubrimos y nos interpela un artista. Debido a la impronta que aun deja su partida hacia nuevos mundos de David Bowie y aun escuchando su música, su ultimo legado , llega a mis manos una serie de dibujos de Diego Ramos, músico, escritor, andariego y tantas cosas. Además les adjunto un relato que le pedí para acompasar nuestro viaje por los caminos del esoterismo bowienano.


Estoy escuchando el hipnótico Blackstar, el tema que da inicio y nombre al último disco de David Bowie. Una bola de sonido crece como hermosa provocación para la mente, un bajo machacante le habla a mi vientre y una voz de poderoso lirismo acaricia el lugar del cuerpo o del alma donde se vive lo poético. Es eso, para hablar de Bowie hay que dejarse poseer como en un ritual vudú, bailar con las palabras, rendirse a un trance que interrumpa el sentido con que se mueven o permanecen inmóviles las cosas. Bowie es y será un acto de magia que tiene muchas puertas para ingresar en su compresión, aunque tal vez una sola para vivirlo con totalidad. Eso es, apenas, una entrega absoluta a otros estados de conciencia a los que su voz, sobre todo, como una especie de amuleto sonoro, nos va conduciendo en la gran mayoría de sus discos.
Se ha hablado mucho de lo libertario que trajo su juego con la ambigüedad sexual, sobre todo cuando prácticamente dio forma con su estética a lo que se llamó glam rock, pero aún siendo verdad, hay que tener en cuenta algunos detalles. Y es que el hecho mismo de que esa fase estuviera representada por su personaje Ziggy Stardust, un ser tan impactante por su androginia como por su naturaleza extraterrena, da cuenta de esa habilidad suya por instalar en su obra un universo estético que les escapaba a cualquier descripción apenas como un arte desestabilizador del orden moral occidental judeocristiano. Tampoco su magia puede reducirse a su teatralidad, porque si fuese sólo por su histrionismo, podría comparárselo con artistas como Peter Gabriel, también afecto a las máscaras y los disfraces, esencialmente en su trabajo con Génesis pero Bowie es mucho más que el componente teatral.
Vuelvo a poner el foco en cierto carácter expansor de la conciencia, muy central en su obra, incluso hasta en los 80, donde su super hit Let´s dance le trajo un público masivo que abrió su creación hacia los estadios y le trajo tal vez las críticas más feroces. Fue justamente en esta fase donde supe de David Bowie, imantado por esas canciones que eran mucho más que bailables, porque algo en los sonidos elegidos y sobre todo en la épica forma de cantar, lo ponían en un lugar sumamente diferente al de grupos de moda por entonces, como Durán Durán o Tears for fears. Es que no era sólo cantar en agudos increíbles o con un carácter sumamente expresivo. Te podía ayudar a bailar, pero en su apropiación del sonido funk pop había una operación estética que convertía esas canciones, como diría el gran Caetano Veloso sobre su trabajo en el mismo período de tiempo, una especie de conversación personal con esos géneros. Nunca apenas una renuncia al arte aparentemente serio para convertirse en una repetidora insulsa de sonoridades de moda. Por el contrario, siempre estuvo presente un cierto misterio personal, que hasta en ese presente ultra danzable podía olerse, como signo de una personalidad que ya ha transitado unos cuantos caminos de exploración personal, incluyendo desde una pasión temporal por drogas duras como la cocaína a la investigación en diversas filosofías esotéricas.  Es ese camino del que ha habitado abismos y ha podido salir antes de ser devorado por las fieras que protegen los secretos del lado salvaje, ese que también conoció y al que le cantó su amigo Lou Reed, el que se respira en todo lo que ha grabado Bowie. Y aunque eso no quiere decir que todos sus discos sean disfrutables o trascendentes, hay creadores a los que siempre dan ganas de prestar atención.
En ese sentido, luego de un disco de regreso, The Next day en 2013,  que no había imantado con escucha pasional mi sensorialidad, pero sí habían llamado mi atención sobre la aparición explícita de simbología esotérica en algunos de sus videos, la llegada de Blackstar me atrajo desde días antes de su salida oficial. Fui literalmente capturado por el trance al que invoca el track inicial, desde el momento en que se difundió su clip indudablemente esotérico. De eso ya se ha escrito y se seguirá escribiendo, pero lo que me pasó al tener ya conmigo las siete canciones, un día antes de que se editara oficialmente, fue como revivir mi primer contacto con su música. Tenía ocho años, mis padres me habían regalado un grabador y una caja con cintas de audio, en una selección variadísima que incluía el disco Heroes, una de sus grabaciones claves, para muchos el centro de su viaje más refinado y potente. Con los paisajes más oníricos, cinematográficos, como el tema Neuköln, me iba literalmente de viaje, ingresando a una  dimensión que, más que servir de escape de la realidad, expandía preciosamente los sentidos.
Con la escucha atenta y a la vez relajada de Blackstar, como no me había pasado nuevamente con ningún otro disco suyo a ese nivel, algo hipnótico me llamó con fuerza. Y la mejor manera de hablar con ese impulso sonoro, antes que desplegar la máquina analítica para ver cómo había combinado climas cercanos al free jazz con rítmicas asociables al hip hop menos ortodoxo, fue ponerme a dibujar. Así, de cada canción fue naciendo una imagen, que respondía a lo que sentía con la música en sí antes que alguna asociación directa con las letras. Y fueron las voces, increíblemente procesadas junto a su productor histórico Tony Visconti, las que me causaron un éxtasis inmediato. Fue muy placentero jugar un diálogo libre con esos sonidos. De muchas formas, hacerlo fue también lanzar un link hacia el niño que descubría imágenes increíbles con la música más celebrada de Bowie. Y que hoy sonríe, agradecido de que me siga entregando con pasión a esas músicas con alma viajera que regalan puertas a muchas dimensiones. Y amplifican lo que sabemos de la vida. Y también de la muerte.

Diego Oscar Ramos

En orden de aparición, los dibujos nacidos a partir de improvisaciones hechas dejando sonando cada uno de los temas, individualmente, en repeat, en los casos en que llevaba más tiempo terminar la imagen.


01 - Blackstar



2 - 'Tis a Pity She Was a Whore




3- Lazarus




4 - Sue (Or in a Season of Crime)



5 - Girl Loves Me



6- Dollar Days


7 - I Can't Give Everything Away




15.1.16

PAPEL ENCONTRADO

Ermitaños y profetas

El abrazo y el desierto

Aunque sea un animal de naturaleza social y afectiva, el hombre parece necesitar del pasaje por el vacío absoluto para sentir en totalidad - con su cuerpo,  su mente y su alma - la vastedad que lo rodea y da forma a su vida. Los paisajes desérticos, cuna esencial de nuestras grandes religiones, pueden ser una vía de transformación y purificación o apenas un sitio, físico o mental, donde perderse.   

Diego Oscar Ramos (2003)


Pensar y sentir. El animal humano tiene la capacidad de analizar las experiencias que le acontecen y de poder construir universos en su mente, órgano que le ha sabido dar identidad como animal que, además de sentir, piensa. Pero nada puede ser pensado de la forma en que es sentido. Ni siquiera lo que se siente y después se lo piensa, ocupando espacio en pensar lo que ya aconteció antes que procurar sensaciones nuevas. Un pensamiento puede provocar una sensación corporal o una emoción y hasta generar cierto espesor de materia en la mente. Pero la sensación nunca puede ser igual al pensamiento de lo sentido, ni siquiera mediante el intento de reconstruir mentalmente sensaciones ya experimentadas. La sensación es comunicación del cuerpo con el afuera, el pensamiento es clausura del contacto y apertura al interior. 

Silenciar las voces. Se habla de un hombre en soledad cuando está sin compañía de otro hombre. Pero ¿sólo eso es la soledad? ¿O es que se puede no estar solo si se está en relación con otras especies que no sean humanos? Más aún, si los cuerpos son entidades abiertas en relación de interconexión en constante intercambio, ¿la soledad sería una situación delimitada a la ausencia de contacto con otro ser de la misma especie? Y, además, ¿el estar en compañía se mide por el compartir formas de vínculo imposibles de establecer con otras entidades vivas que no sean humanas?

Saberse animal. Si el estar en compañía se define por vincularse con otro de la misma especie, puede compartirse un espacio físico con otro ser humano sin que necesariamente se cumplan vías de contacto que no podrían darse con seres de otra especie. Se puede estar en una habitación con otra persona sin hablarle ni mirarlo, ignorando su presencia, algo que un animal no haría, porque no pone frenos a sus sensaciones con el pensamiento. Por esta actitud abierta al mundo que tiene el animal, que no especula ni finge, pueden entenderse ideas como las de la famosa frase: “cuanto más conozco al hombre más quiero a mi perro”. Estas palabras muestran un rechazo filosófico a la creencia de que sólo puede estarse en completud con otro humano, claro que pueden haber surgido de un filósofo tan mordaz como incapaz de salir de sí para ir al encuentro puro con otro ser también deseoso de sentir. Algo que no le aconteció al que dijo que “es mejor estar solo que mal acompañado”, ingenio popular que aunque aporte una verdad parcial no regala claves de convivencia sana para no desear la ausencia de contacto humano.

Buscar el aislamiento. Los ermitaños buscan en el aislamiento un contacto directo con fuerzas naturales, internas y externas a su ser. La clave del alejarse del contacto con otros seres de la misma especie parece ser la necesidad de lograr una purificación personal de las formas de percibir y sentir. Si bien no todos los ermitaños propugnan un misticismo que pretenda mejorar los vínculos entre seres humanos, hasta las religiones que basan su doctrina en el concepto de amor incondicional hacia todo ser humano han tenido figuras centrales que debieron pasar por el desierto. Solo así accedieron, vivencialmente, a la idea de ver y sentir la afectividad como necesidad vital de cada ser, para vivir sano, alegre y feliz. 

Vivir el desierto. Todos los grandes profetas han tenido su temporada desértica, sus vacaciones sensoriales y de contacto con otros seres. Como si en el paisaje de arena el contacto con ciertas formas vivas fuera menor, como si los sentidos se enfrentaran con un vacío necesario para renovar la manera de usar la mente, los sentidos y el espíritu. Y es el sentido de la vista el que primero se ve despojado de variedad de estímulos, aunque no haya poco que observar en los paisajes de la arena o la nieve, de la sal o del hielo. Nada es lo mismo que antes, ni siquiera el pensamiento, cuando se tiene un contacto prolongado con esas geografías áridas.

Escuchar el vacío. El hombre en soledad vive el vacío de contacto: nadie le habla, nadie lo mira, nadie lo toca, nadie lo escucha. Ningún humano al menos. Su vacío es de humanidad. El hombre en la soledad de la arena se habla a sí mismo, se escucha, presiente las voces y las palabras que repite sin que le pertenezcan del todo. En su ayuno de alimento y percepciones habituales, en su aislamiento del contacto fluido con la vida como le ha sido dada, vivencia una ruptura. Todo en él grita un gesto silencioso de retirada del mundo de los hombres.

Salir del aislamiento. El ermitaño abandona su abandono y con él pasa a ser profeta de lo que vendrá a partir del desierto superado. Siente con menos preguntas lo que llegó a su vacío como completud necesaria. Nada hay dentro suyo que aún cante alabanzas a una identidad conformada en un mar de reflejos ajenos. El es, lo que siempre ha sido y lo que siempre será, todo lo nuevo que estará mudando de colores, eternamente.

Anunciar la mutación. Caminar de regreso es la necesidad de creer en la posibilidad del retorno, aunque no haya en realidad una vuelta atrás en el fluir de lo que acontece eternamente. Las líneas copulan con los círculos de lo que va y viene. La poética del encuentro gozoso renueva siempre a los seres y espacios que interceptan sus trayectorias. El que regresa es siempre otro distinto, lo que se anuncia es la mutación, lo que ha dejado de ser, lo que no tiene retorno. Lo mismo sería la repetición forzada de lo que ha dejado de ser. Lo imprevisto, en cambio, es siempre un presente del destino. 

Entrar en contacto. El hombre nuevo huele árboles y vientos, escucha todas las voces que hablan en superposición placentera y respetuosa. Entra en contacto con todo lo que llega a su encuentro, no sólo sus manos lo ayudan a tocar un mundo más brillante. Todo es vastedad próxima, accesible, musical, donde encuentra, a su paso calmo, seres como él a los que percibe con todo el cuerpo. Eleva su voz al cielo y grita con dulzura tres palabras: “siento, luego existo”. Algunos lo escuchan, otros lo ignoran y unos cuantos lo abrazan, riendo juntos; sanos, alegres y felices. 


12.10.15

Papeles encontrados



Fragilidade nua

Vivir en verticalidad
Esquecer o horizonte
Ser hombre mujer
Mulher homem
Ser matriz
Raíz fértil
Ser sorpresa cálida
Sombre sonriente
Fragilidade nua

Vivir en fertilidad
Olvidar el horizonte
Penetrar el instante
La verdad sólida
Que se abre
Vital
En el vértice
De los tiempos.

Ser rasguido vivo
Vontade melódica
De cuerpo transparente

Ser mulher homem
Vegetal de carne vibrante

Ser matriz
Veloz
Inmóvil
Calma
Firme

Ser olho virgem
Memoria precisa
Mirada abierta
Ser homem mulher
Planta

Ser rugido
De árbol inquieto
Ser danza inmóvil

Ser neblina
Molécula errante
De agua doce

Ser sorriso
novo
eterno

ser alarido
pálpebra grácil
vértice viajero

ser humano
desnudo
ágil
mutante
despierto
ser hombre mujer
matriz feroz
ser eu
agora

diego oscar ramos

mayo 2000
Salvador - Bahia



27.9.15

sentires




eternidad de amores



Tiempos de mucha belleza, de corazones encendidos de entusiasmo, de sexos que saben elegir, de instintos que galopan el alma, de pensamientos que saben ser sangre, de miradas que aman ser penetrantes, de amores que adoran ser eternidad, de silencios que calman vientos, de paciencias que son amanecer de lo que se transforma, lo que renace, lo que corre con certeza, lo que se duerme con sonidos de lago violeta y se despierta, con truenos cálidos, en noches de eclipse.


Diego Oscar Ramos

10.3.15

Devaneos


Todo blanco


Hace mucho, un rato apenas del cosmos, me devanaba los sesos pensando en los bordes inexistentes del universo. Y la nada se aparecía.

Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)

        Primero era la imagen de una goma blanca, de esas de la escuela, no la que era mitad roja y mitad azul, una para borrar lápiz y otra para borrar tinta. No, era una goma toda blanca, rectangular, blanquísima, sin una gota de mugre, nada de nada. Eso: nada de nada.

         Estaba recostado sobre una pared, en la terraza de mi casa. Entonces era mi casa, no pensaba en la casa de mis padres, eso era mi casa, era el mundo. Y la imagen de la goma blanca, aparecía cuando pensaba en todo. O en la nada que aparece cuando se quiere pensar en todo. Estaba debajo del tanque de agua. Y se me venía la imagen de una enorme goma de borrar, como la que tenía en la cartuchera, pero mucho más grande, más que toda la casa, el jardín, el barrio, la ciudad, el país que podía percibir por el mapa de la escuela. Y era una goma que borraba todo, que crecía, para arriba, para abajo, para los costados, para adelante y para atrás, cuando trataba de pensar en el infinito. Porque dejaba que la mente empezara a viajar por el espacio, pasaban estrellas, planetas, galaxias, constelaciones, todo lo que podía haber visto en las enciclopedias científicas, pero nadie había explicado como podía existir algo que no tiene bordes. 

        Estaba acostado sobre una pared, debajo del tanque de agua, tratando de pensar en lo que había más allá de todos los límites del universo. Y la respiración se aceleraba, cuando las imágenes no aparecían, cuando la goma de borrar dejaba de tener dimensiones, porque la sensación de no poder entender algo que no tiene bordes generaba un estallido neuronal, un orgasmo mudo de incomprensión que ponía todo en blanco. Y la goma se convertía en hoja lisa, porque había borrado su volumen. Todo era esa superficie sin bordes, sin abajo, ni arriba, sin atrás ni adelante, sin nada de nada. Sin todo. 



11.1.15

Expresiones húmedas


Amor de andantes

Emociones que trazan caminos de vida entusiasta, se aparecen en una mañana levemente melancólica, para desandar las distancias y acercar los vínculos más amados a un espacio atemporal. Y sanador.


Diego Oscar Ramos(texto e imagen)




Te hablo a través de velos que se deshacen en el aire, se vuelven fuego, lenguas de viento caliente sobre tu cuerpo.



Te miro desde adentro de tu vagina, caminando entre terremotos de cualquier melancolía, por sobre las paredes húmedas de mi felicidad sin símbolos.



Te siento cercana a mis pupilas, encendidas con manos renovadas, pacientes de tus silencios, embriagadas de historias que tejemos, pedaleando tormentas de arena, contentísimos.



Te huelo las sensaciones de pacificación intuitiva, la sabiduría de ojos que miran desde un paraíso de tiempo vivido, la calma de un alma que me regala bailes acuáticos, memorables.



Te traigo al presente de lo que se reconstruye, constantemente, con barro de miel en los dedos, y la alegría sutil del andante, que reconoce a otro por sus piernas vociferantes. Y el respeto natural por los destinos propios, susurrados en noches de andanzas compartidas.



Te celebro, compañera de placeres vitales, llantos de preguntas sobre el tiempo, abrazos emotivos sobre árboles llenos de frutas, risotadas refrescantes en la casas de dragones tiernos,



Te agradezco, aventurera movediza, dibujante de seres amados, cocinera de verdades sensibles, por todo lo que descubro, cuando te escribo, y me acaricio con esa parte de tu ser que se queda siempre conmigo, despertándome.




28.10.14

MEDITACIONES

Mantra amoroso


Algunas palabras, transformadas en sonido rítmico, hipnótico, musical, pueden dar salud. Y ser fuente de encuentro.






Diego Oscar Ramos
(texto y pintura) 



calma

aumento de la percepción

hallar lo que sobra en nuestra escultura personal

soltarlo

cueste la resistencia que cueste

agradecer haber percibido la resistencia

poner luz en ese lugar

llorar si el cuerpo lo propone

mirar alrededor de la herida

llevar una escalera

ver desde más arriba la situación

rodear con suavidad la escena

en desplazamientos espirales

susurrar voces de amor comprensivo, esclarecedor, verdadero

al niño, al adolescente, al adulto, al anciano, al alma que somos

darle caricias a todos los que fuimos y soplar aire fresco, limpio de tristeza

al que ya empezamos a ser

al reconocernos, nuevos, eternos, sanos, amados

merecedores de vida continuamente en el lado de la presencia amorosa

entera, continua, sin escapes de nosotros mismos

con seguridad de lo que nos hace bien

con certeza de zonas de acción 

o mejor con alegría de estar ciento por ciento en el lugar que vayamos estando

para transmitir entusiasmo de estar vivos

respirar como nueva caricia

mirarse a los ojos, en lo primero que veamos al abrirlos

abrazar la mirada cariñosa que nos devuelve el mundo, ahora

despertar

continuar el viaje

y seguir andando

enteros.





23.10.14

Manifestaciones espontáneas


Espacios de ser



El alma se manifiesta. Y el cuerpo entero percibe la dimensión del amor, en cada poro del espíritu. Y cada célula del ánimo. 









Diego Oscar Ramos
(texto y dibujo)




De repente estamos dentro.


Y el color amarillo nos abraza, como una abuela de brazos fuertes y alma intensa.


Puede pasar en cualquier circunstancia. 

Pero es esta, la única, la eterna, la belleza de la presencia del alma, que llena todos los recovecos del sentir. 


Y nos transforma en sonrisa de niño, en entusiasmo de jugar un instante, que se manifiesta ahora, para gozar de una vida en colores cálidos y sanar vínculos, enlazar voluntades cantoras y manos amigas.

Y es así. De repente estamos adentro. 


Es una burbuja de paredes transparentes y acceso directo al cielo de mapas hermanos.


Somos parte de una escena que parece escrita con luces de fuego. Y sentidos de agua fresca.


La vivimos con paz de fluir y un andar galáctico. 


Agradecemos esto que nos está pasando, que podrá visitarse con respiración expandida, en futuros recuerdos de lo que supimos dejar ser, en tiempos de vida vivida, cuando todo lo que somos se convierte en puro ser que, por bendita gracia terrenal, apenas es.

 Y lo agradece.


11.10.14

Impulsos


Bailarín de montañas


Somos lo que somos. Y hay sensaciones intensas al encontrar el rumbo hacia el darnos cuenta.






Diego Oscar Ramos

(imagen y texto)




Fuerza alineadora, besadora de mares, hambrienta de manos tiernas, te siento un tesoro. 

Manía de vos, de mí, de un nosotros de tiempo real, de presente amado, palpado con sentidos transparentes, cálidos. 


Misiones de millones, millones de misiones, mansedumbre y relajación, intensidad y agitación, tormenta calentita sobre ideas calmas. 

Te abro mi alma a este segundo donde el tiempo me acaricia los dedos de los pies, recorre con potencia suave mi carne toda y se sueña bailarín de montañas. 

Estamos siendo un cáliz floral, una semilla de maíz sobre ojos nuevos.

Somos los gorgojeos de un pájaro esdrújulo, gotas de intensidad en el borde del silencio, beso de amor en el punto máximo del encuentro.

Vivimos la valentía del número indivisible, saboreamos la polenta del que conoce su calma y percibe sus conexiones eléctricas.

Y decimos que sí. 

Que somos. 

Estamos. 

Vivimos.



9.9.14

intensidades

Palabra cabalgada













Gesta épica por regiones del lenguaje, donde un andar brioso por los sentidos y las apreciaciones lleva al alma de paseo por transformaciones necesarias. Y únicas.



Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)


Palabra cabalgada
montada en instintos
atravesada de tormentas
inundada de afectos. 


Palabra cabalgada
dueña de desapegos
suelta de pertenencias
desarmada de prejuicios.

Palabra cabalgada
soñada por espasmos
acariciada por memorias
desnuda de tiempos.

Palabra cabalgada
presencia vociferante
aventura bailada
descontractura orgásmica.

Te regalo mi boca
para mojar de sensaciones 
los desiertos 
que atravesemos.




3.9.14

Hipnotismos serenos




Abrazo de agua cerca
   

Un remanso de sensaciones, un hermanarse con la sensibilidad manifiesta del paisaje que nos abraza, con ímpetu calmo. Y un amor sin tiempo. 



Texto: Diego Oscar Ramos - Imagen: Emilio Costas



    Un árbol, un tiempo verde expandido en las manos, una tormenta de quietud en un abrazo, calentito y eterno. 

      Un cielo en los pies, una caminata serena, recuerdos que se arremolinan sin viento por sobre la mente, convertida en agua.

      Una tierra, un espacio rojo, que nos vuelve amigos de la vida, con todas sus pasiones, sus voces, sus sentidos.

      Una lejanía, un vacío de palabras, que es paisaje, amable y presente.

     Una memoria de lo que viene, una risa de gigante noble, un llamado del mar, con amor de padre, agitando emociones y certezas.

      Un cuerpo, un silencio de verdad sólida, una brisa salada que habla de lo que está siempre, como tesoro de contemplación que acaricia.

      Una piel, una delicia de brazos unidos, una paz de movimientos intensos, un baile de gotas curiosas,  una señal del sol sobre los ojos.

      Una consciencia, un baño de luz, una serenidad de átomos contentos, un orgasmo del alma, mojadísima y hermosa.   





25.6.14

Encuentros



Hola, ¿estás ahí?





Instantes de diálogo, con preguntas, respuestas, silencios y otros condimentos, de esa ruta, constante, que se construye al andarse.







Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)




- Yo: Sí. Claro. Ahí estás.

- Ello: ...

- Yo: Claro. ¿Cómo estás? ¿Estabas esperando?

- Ello: ...

- Yo: Ah. Sólo estabas.

- Ello: ...

- Yo: Era yo que estaba esperando que me esperaras. 

- Ello: ...

- Yo: Ahora entiendo. Todo.

- Ello: ...

- Yo: Y entonces. ¿Qué es lo que tengo que hacer?

- Ello: Dejar de preguntar. 

- Yo: ¿Y ahora? 

- Ello: ...

- Yo: Cierto, que la cosa era no preguntar ya. Bien. Me entrego a lo que está pasando.

- Ello: Pensás todavía. Y mucho.

- Yo: Uf.

- Ello: Y te quejás con ese suspiro.

- Yo: Ah. Pero me estás hablando.

- Ello: Sos vos quien me quiere escuchar.

- Yo: Pero estás diciéndome cosas.

- Ello: Estás siendo estado de escucha de algo que necesitás oír.

- Yo: ¿Pero estás acá o no estás?

- Ello: ¿Y vos estás acá o no estás?

- Yo: Creo que sí, podría jurarlo.

- Ello: ¿Alguien pidió que hicieras un juramento?

- Yo: No, pero sentí que me creerías más si decía eso.

- Ello: Bien. Estás con un tema de confianza que salió a la luz en esta línea de diálogo.

- Yo: Entonces estás acá. Y estamos dialogando.

- Ello: Entonces hablábamos de juramentos y confianzas.

- Yo: Y credibilidades.

- Ello: ¿Crees en vos mismo?

- Yo: ¿Por qué me lo preguntás?

- Ello: ¿Quérés ganar tiempo para pensar con esta repregunta?

- Yo: Quiero ganar.

- Ello: Bien ahí. O sea. Estás en estado de pregunta y te viene bien este juego de preguntas y de respuestas.

- Yo: Puede ser. Quería hablarte. Y siento que estás frente a mí.

- Ello: Estoy siendo, como era en un principio.

- Yo: Ahora y siempre.

- Ello: Por los siglos de los siglos.

- Yo: Si digo amén parece que estamos rezando.

- Ello: ¿Y eso que te hace sentir?

- Yo: Me hace sentir que rezar puede ser una linda forma de comunicarnos con calma, con entusiasmo, con paz.

- Ello: Mucho pensamiento dando vueltas.

- Yo: ¿Me estás retando?

- Ello: ¿Querés sentirte retado?

- Yo: Me hiciste recordar tiempos lejanos.

- Ello: ¿Hablás de la infancia?

- Yo: Hablo de algo que apareció en algún lugar del cuerpo cuando mencionaste la palabra retar.

- Ello: ¿Imponerse retos te parece una forma de recuerdo de la infancia?

- Yo: Nunca lo había pensado así, más bien parece que los retos son una especie de desafío que nos ponemos para llevarnos a nosotros mismos a otro lado.

- Ello: ¿Ganar es ir del otro lado?

- Yo: No me acordaba que había hablado de ganar, eso lo dejamos de lado.

- Ello: ¿Hablás por mí también? ¿Cómo sabés que lo dejé de lado?

- Yo: Bueno, es cierto, hablaré por mí.

- Ello: ...

- Yo: Quiero pasar del otro lado, aunque aún no sepa del todo lo que habrá del otro lado, es apenas una sospecha de bienestar mayúsculo, que sospecho por momentos gloriosos en que creo haber estado allí.

- Ello: Y si ya estuviste, ¿por qué te fuiste?

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: Me descolocaste con esa pregunta.

- Ello: ¿Sentiste como si te hubiera tocado con mis palabras?

- Yo: Como si me hubieras desplazado de una roca que creía sólida en su sitio.

- Ello: Tu serás mi roca.

- Yo: Eso sonó como el inicio de una relación maestro discípulo.

- Ello: ¿Y eso te hace sentir bien?

- Yo: Bueno, uno suele buscar referencias, apoyos, guías.

- Ello: Y ahora la guía que buscaste te sopló el palacio de cartas.

- Yo: ¿Pero no hablábamos de una roca?

- Ello: De una roca que puede ser de papel.

- Yo: Uf.

- Ello: Vuelve la queja, aunque la percibo más suave.

- Yo: Si percibís es que estás acá.

- Ello: Estás más ocupado en que esté yo.

- Yo: Es que si estás acá, no me siento solo.

- Ello: ¿Necesitás de mi aprobación para sentir que tu roca no es de papel?

- Yo: Tal vez lo que quiera es que me digas que estoy también. Y que hay algo sólido bajo mis pies.

- Ello: ¿Cómo podría yo saber que lo que pisás es sólido si los pies son tuyos?

- Yo: ¿Y cómo podés preguntarme eso si te creía presente en cada gramo de materia que hay en el universo?

- Ello: Es muy linda la imagen con la que acariciás tus neuronas, amantes naturales de las sentencias absolutas.

- Yo: Me tranquiliza sentir, ahora mismo, que tu presencia es real.

- Ello: ¿Y qué sentís con respecto a tu propia presencia?

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: Siento, luego existo.

- Ello: ¿Por qué luego?

- Yo: ...

- Ello: Uf.

- Yo: Te quejaste vos también.

- Ello: ¿Y qué sentiste con eso?

- Yo: Que soy humano.

- Ello: ¿Si yo me quejo vos sos humano?

- Yo: Es que sentí que me estabas imitando, jugando con algo que es muy mío. Y ahí sentí que era un ser humano.

- Ello: ¿El ser humano es humano porque se queja?

- Yo: No solamente. Pero empecemos por algo. Ahí surgió algo que no encontré que pudiese ser parte de nada de lo que conozco con vida.

- Ello: O sea, aclarando un poco los tantos, nunca viste a nada vivo que tuviese una actitud de queja ante las cosas que le pasan.

- Yo: Bueno, me parece que no. Oh, más bien, siento que no, con certeza.

- Ello: ¿Conocés entonces todas las manifestaciones de vida que puede haber en todo lo que existe?

- Yo: No necesito saberlo con la mente, fue una especie de pálpito inmediato, que me hizo sentir abrigado de certezas.

- Ello: Que bueno que sientas calor en esa sensación.

- Yo: ¿Me estás aprobando la sensación?

- Ello: Veo que estás atento.

- Yo: En otro instante te hubiera agradecido. Pero no tengo ganas de decir nada de eso. Me siento bien, ahora. Y me agradezco tanto.

- Ello: ¿Qué te agradecés?

- Yo: Este instante. Y los pasos que estoy dando. Ahora.

- Ello: Estás cruzando.

- Yo: Sí. Estoy llegando.

- Ello: Mis brazos te esperan.

- Yo: Mis brazos te buscan.

- Ello: Estoy.

- Yo: Estoy.

- Ello: ...

- Yo: ...

- Ello: ¿Y ahora?

- Yo: Ahora te encontré.

- Ello: ¿Y qué sentis?

- Yo: Que me quiero mucho.

- Ello: Felicidades. Bienvenido a este lado.

- Yo: Muchas gracias.

- Ello: ¿Ya no más preguntas?

- Yo: Claro.

- Ello: Bienvenido nuevamente.

- Yo: ¿Puedo preguntar algo más?

- Ello: ¿Hace falta?

- Yo: Sí.

- Ello: Bueno, una sola pregunta.

- Yo: ¿Estoy acá?

- Ello: ¿Cómo?

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: ¿Te lo creíste?

- Ello: Creo en vos.

- Yo: También creo en mí.

- Ello: Sigamos andando entonces.

- Yo: Sigamos. Por los siglos de los siglos.

- Ello: Así será.

- Yo: Así es.

- Ello: Ahora.

- Yo: Y para siempre.

- Ello: ...

- Yo: ...

- Ello: Bueno, pero mejor sobre el tiempo hablamos en otro momento...

- Yo: ...

- Ello: ...

- Yo: Sin más comentarios entonces.

- Ello: ...

- Yo: Por ahora.

- Ello: ...