sensaciones y pensamientos


Escrituras



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4.6.14

Madrugada de voces


De este lado del tiempo

Sensaciones de agua abrazan un alma inquieta, que busca andar con pasos firmes y el corazón atento. 


Diego Oscar Ramos


Presencia real, en el centro del pecho, ahora que las rosas de tu jardín me hablan en un lenguaje de ojos húmedos y almas abrazadas a lo que es poderoso, porque solamente es, porque ya nació, porque está de este lado del tiempo.

Presencia real, en el agua de mis pensamientos, que van muchas veces en paralelo a lo que el cuerpo quiere como regocijo cotidiano, por lo que le manda cartas certificadas para llamar la atención de la mente y pedirle descanso.

Presencia real, en la certeza de las tormentas, que se abren espacio entre los dedos de los pies, para mojar de transparencia los pasos que daremos desde este mismo segundo en que las palabras acompañan el ímpetu del corazón atento.

Presencia real, en el espíritu empapado, que sueña con una integración gozosa de tierras, mares, desiertos y montañas, en un mapa vivo, de ser humano que baile los misterios con esperanza de calor solar, aún en la noche más oscura.

Presencia real, de la potencia de transformación, en las manos que acarician, en las ideas que se alinean al afecto, en las caminatas en silencio, escuchando la música del orden con que las cosas saben ser caos, para bendecirnos de armonía eterna.


17.2.10

Encuentros y despedidas

Soltar amarras

Reencontrarnos con quienes somos. 










Diego Oscar Ramos - Dedicado a Rolando Toro Araneda.


Sentir que somos, que estamos, que nacimos muchas veces de nuevo, cuando pudimos vernos en la mirada emocionada de otros, en su plenitud de estar mirándonos con los ojos brillosos. 

Sentir que sentimos, que somos, ahora, que crecimos con cada momento en que soltamos amarras, para jugar como niños, con toda la armonía y la alegría que da saberse sonreír, en este mismo instante de la escritura, que deja de preguntarse por lo que puedan decir los que miran desde afuera y desde adentro del texto, porque lo más placentero es percibirse con el vientre, con las vísceras, con la potencia en vibración máxima de todo el cuerpo siendo uno, en un abrazo, en una danza de conexión real, contenta, inocente, seductora, amorosa, afectiva, integradora, con nosotros mismos siendo lo que somos, lo que está impreso en nuestra realidad, esa verdad que trasciende todas las razones por las que hayamos disuelto muchas veces nuestro pacto germinal con nuestro ser verdadero.

Sentir que hay seres eternos, que nos han ayudado con su haberse dejado ser, con su haber soltado amarras a tiempo, para crearse únicos, ellos mismos, los que vinieron al mundo para hacer algo que tenían que hacer, que no dudaron en concretar, que se entregaron a la misión de lo que los llamó con urgencia cariñosa para que su huella fuese un espejo sutil y fulgurante de lo que ellos mismos lograron sentir de lo que eran, de cómo eran y cómo habían podido reencontrarse con su fuente de verdad absoluta porque lo quisieron profundamente.

Sentir como máximo deseo, en este instante, de querer a un nivel infinito la integración con la alegría de desear, con el éxtasis de ser el sentimiento con las compuertas abiertas, como quien sale corriendo al encuentro de la gloria máxima de estar siendo, de estar compartiendo el encontrarse con cuerpos abiertos de mirada transparente, sentida, verdadera, amorosa.

Sentir que queremos despedir con el corazón abierto a todos los humanos más humanos que hemos conocido, que nos han regalado su estar enteros y su firmeza en este universo de goces y respuestas, de sabores y presencias, de multitudes y encuentros. 

Sentir que amamos agradecer a los que se quisieron amar para poder abrirse a lo humano con el alma suave, preparada para recibir el afecto de todos los que comienzan a disfrutar de reconocerse en la mullidez de lo fraterno, lo que le habla directamente a la sensación, presente, poderosa, de estar vivos, ahora.

  

29.9.07

Palabras y recuerdos


Día de Sol


Reflexiones solares sobre el tiempo, la vida, los cambios y la apuesta a mantenerse siempre a flote sonriente por sobre dudas e incertidumbres.






Diego Oscar Ramos




     El sentido está todo el tiempo, en cada respiración, en cada música del aire, en las sensaciones de unidad que vienen hasta cuando la incertidumbre dibuja ruidos en las tripas, cuando el cuerpo percibe que se vienen nuevas rutinas. Siempre se puede apostar por el sol, hasta en los días en que la lluvia acaricia las ganas de correr sin paraguas, de quedarse mirando los diseños acuáticos por los bordes de las calles, siguiendo un rato largo, sin minutos, a papeles que recorren el río hasta caer en el interior misterioso de la boca de tormenta. Algunos cartones más gruesos logran sortear el destino de corrientes profundas y se queden jugando en el borde o abrazados a alguna rama que los botes más pequeños y ágiles suelen saltar con destreza. En las venas pasan cosas similares, el oxígeno navega por torrentes de sangre y cuanto más libre esté ese camino estará todo mejor para que este cuerpo que somos, que no está por fuera, ni por arriba de nuestra mente o nuestra alma, pueda seguir mirando escenas de maravilla en la calle, los días de lluvia o de sol. Cuando éramos niños ese detalle meteorológico tenía una carga informativa tan evidente y notable, que era lo primero que escribíamos en el cuaderno de clase. Después vamos despejando dibujos de soles o nubes y nos quedamos con detalles numéricos, días, meses, años, sin que los rayos solares se dibujen o se mencionen en los mails que enviamos, las cartas que en algunos lugares aún se escriben o los diarios que se publican. Algo intenso había en ese detalle que abría el día escolar, un grado de verdad que está en las representaciones pictóricas donde los tamaños de los objetos y la personas se elevaban en el cielo de la percepción infantil por su importancia afectiva, por las emociones que nos daban cuando aún la racionalidad no actuaba como filtro de lo que sentimos. El sentido está todo el tiempo, en cada respiración, en cada música del aire, en las sensaciones de unidad que también conocen las tripas, cuando le cantan a los cambios que se avecinan, cada segundo, por la gracia del movimiento.