sensaciones y pensamientos


Escrituras



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8.11.09

Ser y andar

Sentidos

La historia se hace andando. Y el mundo los símbolos, sabiendo escuchar sus pasos. 



Diego Oscar Ramos




   Caminar es parte de la historia. Pararse puede haber sido un principio. Decidirse a andar puede dar alguna clave, para anotar un dato que sea motriz, que se apropie de la idea del movimiento para echar a andar una teoría. Caminar es parte de la historia de una teoría, de cualquier teoría, la de las plantas en su evolución, la de los átomos en su agrupación, la de los animales en sus migraciones, la de los hombres al construir sus ciudades, o sus familias, o sus conceptos primeros sobre su estatismo o su movimiento. Moverse es parte de la historia, puede ser el padre o la madre, o el niño mimado de lo que precisamos como unidad para iniciar algo, para tener una pieza que podamos juntar con otra para armar algo nuevo, para juntar lo que podría decirse como separado, pero que al juntarse, si es que la suerte o la intuición nos acompaña, casi diríamos que forman una naturaleza nueva  que sus seres ignoraban en su estado inicial de separación. Aquí ya agregamos elementos nuevos, por en cuanto, hablamos de una terceridad, que surge de un apareamiento entre dos unidades. Esto mismo está siendo también una suerte de unidad biológica tanto como conceptual. De dos seres individuales con capacidad innata de reproducirse nace un tercer ser, producto del intercambio de información genética a través de la sexualidad. Las teorías, las ideas, las nociones, también tienen su zona de sexualidad, de seducción, de apertura de la cola multicolor, como la del pavo real cuando el genio de la especie dicta la proximidad, la posibilidad o la necesidad de la reproducción para que un formato de ser siga andando por la existencia. 
    Y, nuevamente, hablamos de la caminata, del movimiento, de los desplazamientos por un territorio, geográfico o existencial, como una unidad que se nos presente tomemos el tema que tomemos para dar un puntapié inicial a un texto como lo es este mismo que se está desarrollando en este momento, cuando las palabras, una por una, se van alineando en este sistema de escritura que también tuvo un inicio y que sigue desarrollándose, creciendo, mutando y seduciendo personas que puedan reproducir sus genes a lo largo del tiempo. Escribo entonces, con este sistema en particular, testeado por siglos y usado para crear todo tipo de configuraciones, para alinearme con un placer que me dictan ahora las propias palabras o las que surgen de un dictado premeditado sólo por una célula de sentido que pueda estar anidando en mi inconsciente. La intuyo y pongo ese nombre en este instante, cuando sé que escribir es desenrollar signos que descansan, o que se mueven sin que los veamos en toda su trayectoria, mientras creemos que nos sentamos a escribir porque dieron ganas de hacerlo, porque un llamado interno nos convidó al desovillar, al desplegar en un plano, en una secuencia, una bola giratoria que juega con los símbolos en el interior de nuestras cabezas, sabiendo en este mismo momento, milagro de los milagros, que todo esto es poco más que una metáfora, que una aproximación al fondo de las cosas, lo que no hace que pierda gracia el juego, por el contrario, develar la naturaleza metafórica de todas nuestras descripciones hace que la vida sonría ante la gracia del misterio como permanencia de todo, desde la totalidad de fichas del universo a cada una de sus unidades. 
     Si es que toda esta misma idea de la unidad básica forma parte de la realidad o acaba siendo la herramienta para movernos entre las cosas, para dotarnos de cierta separación momentánea con el mundo, para contemplarlo desde afuera y creer que manejamos algún tipo de movimiento de las cosas, proceso en el que los sucesos podrían marcar una ética exitosa de dominio, desde la creación del alfabeto a la notebook con que escribo ahora o la invención de las vacunas o los transplantes de órganos, pero que, en definitiva, cuando el maremoto de la vida nos toca con fuerza, barremos con kilómetros enteros de nociones de separación y de distancia con la naturaleza. Suena extraño decirlo, pero el universo parece pensar más en el todo que en las partes, separación que hago más como deferencia a las ideas que van apareciendo que a toda afiliación  que pueda estar haciendo a una descripción fragmentaria de la realidad. Y así mismo, antes que sentir que nuestro valor como seres individuales decrece frente a una lógica del universo que prima la vida en sí misma antes que cada ser, percibirnos como parte de ese mar en movimiento constante me regala la sensación de que valemos más que nunca, de que sentirse unificado a ese todo que no habla de partes, que no siente a la piel como separaciones, sino apenas como superficies de contacto por donde la comunicación hace nacer más vida, nos deja en una vivencia de privilegio y responsabilidad. 
     Ser el todo es vivir el todo, ser el movimiento es moverse hasta cuando pareciera que podría flaquear el movimiento, porque si estamos moviéndonos como parte de ese todo, sucede como cuando un órgano cree que puede descansar, justo en el instante en que estamos corriendo con el cuerpo entero, entonces, por más que se aferre a una idea de quietud, el movimiento es la condición natural. Así, mientras se movilizan estas metáforas, estas imágenes del lenguaje para hablar del andar, de la unidad, el nacer, el dar saltos, el descansar, el arropar nociones para abrigarse frente a lo que se mueve siempre muy a pesar de nuestras ideas, es que hago una donación de quietud al cosmos, para que sepa lo que hacer con estas ideas que a veces se aparecen cuando estamos cansados, cuando la sordera existencial hace creer que otros se mueven más o mejor o cuando surge de por sí cualquier idea de comparación entre personas, amigos, conocidos, parientes, amantes, esposos, vecinos, colegas, habitantes, ciudadanos o cualquier otra denominación con que acostumbramos ordenar a los seres que comparten con nosotros el andar en los patines del tiempo. Con felicidad, aspiro el aire que dará su recorrido por mi cuerpo, imagino su desplazamiento con más estética que voluntad científica o meditativa, suelto de a una estas palabras, saludo con agradecimiento a quienes hayan llegado hasta este punto del tiempo conmigo y me entrego a la vida, guardando para después las palabras y la escritura, que también pueden querer andar sueltas por ahí, descansando de mi inconsciente y pegando saltos vertiginosos, en la fuente universal de donde seguiremos alimentándonos, haciendo esos downloads de símbolos y arquetipos con los que hablamos de la vida. Ella siempre está siendo, hasta cuando nos quedamos sin palabras. 

31.1.09

Vida y creación

El mercurio y la plata
 

Podríamos ser sólo actos de vida. Pero adoramos dejar huellas de lo que fue e inventar registros de lo que puede llegar a ser. Misterios de lo que nos forma, jugamos contentos entre lo que permanece y lo que se diluye.
asas
Diego Oscar Ramos
asas
I
asas
Las canciones, las ideas, los ensayos, los libros. Los instantes grabados en una memoria que puede volver con claridad sobre lo que ya fue. Los simples, los larga duración, los compactos, las compilaciones personales en mp3, los conciertos al aire libre.

Las notas que se deslizan por el cuerpo y conversan con las células. Las palabras, los horóscopos, los aforismos en sobres de azúcar, las hojas marcadas en los libros.

Las huellas que dejamos para inventarnos regresos. Los dibujos, la pintura, la fotografía. La mirada inclinada sobre los brotes de lo que parece estar siempre naciendo.


II
asas

El fuego como pacto de vida en noches heladas, piedras pequeñas dando saltos en un lago, el sol amaneciendo sobre ropa blanca, una mujer que sonríe su oración al bosque. Ritos de calor para adormecer ideas frías.

Un gato cachorro trepando hasta un cuello humano, una perra gorda calentando pies de niño, mantas de abuela arropando recuerdos fértiles, una música elegida para pasar tranquilo al lugar de los sueños.

Los reyes magos trayendo una bicicleta con forma de moto, aprender a manejarla en una plaza enorme, dar vueltas a la manzana con placer de conquista, animarse un día a soltar confiado las manos. Certezas de estar viviendo algo que nadie vivió antes.

Miradas que se paladean, la temperatura de una piel querida, el mantra de dos cuerpos que se construyen. La belleza de lo que estalla con delicadeza, antes de las palabras.


III


La industria, la ciencia, el comercio. Trazos de tinta china en mapas donde el agua alegra los pies de  los que no temen los cambios. La medicina, los viajes, el periodismo. La confianza ciega en la memoria de lo que fue descubierto y renace para alumbrar eternidades.

Las casas, las leyendas, los cuentos, las fiestas, los niños jugando con fuego, las cartas a seres ausentes. Formas de acomodar en un papel resbaladizo expectativas por lo incierto.

Los diarios, las novelas, las películas. El registro de caminatas, gestos, decisiones. Movimientos de gotas de mercurio en un río de plata.


IV


La sensualidad, el afecto, las caminatas, la sexualidad, los apretones de manos, los pliegues de una tela en el viento. Contemplaciones y registro de lo que sorprende.

Signos que ayudan a alcanzar las cosas justo antes de que se desvanezcan. a vida que se expande, descansada, como víbora tranquila, que conoce todas las palabras.

Y las dicta a sus amantes fervorosos, que levantan altares para celebrar su erotismo. Y vivir creando.

29.10.07

realidad virtual

High definition


Mientras buscamos en las pantallas la definición más exacta posible de la realidad, poco parece más preciso e impactante que lo que tenemos al alcance de los sentidos, todos los días.


Diego Oscar Ramos


        Extraña búsqueda del ser humano, que hace todo tipo de usos de su creatividad para generar la más nítida representación de la realidad, en una carrera de serpiente que se muerde la cola, engolosinada por una meta que desde el principio nace como gesta tan tenaz como absurda. Estas sensaciones pueden surgir de situaciones que se unen de golpe, la primera una tarde de domingo en que en lugar de quedarnos más tiempo al sol, entramos a un shopping donde una pantalla enorme de cristal líquido regala sensaciones arrobadoras al permitir una observación nítida de todos los movimientos que acontecen en una tarde soleada en Manhattan, vista desde el aire, que maravilla la mente por la cantidad de eventos sucediendo al unísono: miles de autos en calles y puentes, el viento sobre el agua creando incontables diseños, personas moviéndose y hasta mirando al helicóptero. Luego cambian los paisajes y la sensación aumenta, provocando esa paralización hipnótica que deben de haber generado el cine y la televisión en quien nunca los había presenciado siendo ya adulto. Porque de niños seguramente ninguna de estas divisiones entre lo real y lo mediatizado deben de interferir formas de vivenciar el mundo. 
        La segunda sensación, generadora del lazo con la experiencia de varios modos psicodélica de la pantalla LCD, puede ser por fin al aire libre, en el renovado Parque Centenario de Buenos Aires o en cualquier espacio verde del mundo, donde los ojos asoleados nos dejan tener la sensación de estar adentro de la más grande pantalla posible, del lado de adentro y viendo millones de movimientos mientras los propios forman parte del cine ultra high definition para todo el que mira la vida en surround, logrando despejar los discursos mentales que clausuran los infinitos panoramas perceptibles. Ese parque está allí, disponible a todos los que quieren ver y participar, del más grande espectáculo del mundo, abierto a todo público, siempre que tenemos los ojos abiertos, disponibles a la ultra high definition.