sensaciones y pensamientos


Escrituras



25.1.11

Ser y Estar


Madrugada de pájaros y llaves.


Visiones nocturnas, sobre andares luminosos. Con  entusiasmo en los pies y armonía en las manos.


Diego Oscar Ramos


Estuve ahí. Me lo contaron. Me lo contaron porque estuve ahí. 

Las llaves saben de la presencia del cerrojo. El cerrojo construye la presencia luminosa del llavero, en la mano del que sale a jugar, de madrugada, cuando la luna dio la vuelta, y sólo se deja ver en la terraza, donde a veces se saludan cuando cuelga la ropa. En esas horas, calmas, en que las lavadoras duermen, hermosas.

Estuve ahí donde escribo estancias y dibujo grandes espacios de tiempo, para que pasten gustosos los recuerdos que soñaré para rehacer la persona que siempre fui. A pesar de los despertares roncos, en que las canciones que lancé a los sonámbulos parecieron rebotar en techos sin gatos.

Los animales saben de la ausencia del amo, cuando aman la aventura de sentirse dueños de los bordes de las cosas, donde las casas son todas la misma sensación de andanza libre, despierta, atenta a todos los sonidos que podrían ser parte de una sinfonía tan polifónica como la vida. Cuando se ofrece, abierta, desnuda, sonriente.

Lo conté porque estuve ahí. Estuve ahí porque me lo contaron.

Las correrías de las palabras calientes salen sin asperezas por las gargantas que salieron de ronda, sin sueño, por lugares donde las manzanas van por un lado y la arena por otro, donde los sabores afinan con las lenguas más refinadas, para ser siempre lo que han de ser. En ese punto justo donde las estrellas miran fijo, hipnotizando de anhelos renovados las almas inquietas, por dudar del lugar donde las esperan los espejos.

Me lo contaron ellas mismas, con ojos de espuma y manos de pasto húmedo. Las escucho con los poros libres, para que su luz juegue adentro de mis pasos. Y su viento despeine cualquier peldaño flojo en las ganas de andar suelto. Aflojando lamparitas quemadas, en las casas que quieren ver todo de nuevo.

Estuve ahí, lo cuento ahora mismo, en el centro donde la pluma sabe de la tinta que está llegando. Para firmar las cartas de independencia. Esta noche de luciérnagas cantoras. Y pájaros que habrán de ser muchos, de aquí a poco, para lanzarle una cuerda al sol. Y abrazarse, juntos,  en un fuego de amaneceres eternos.



2 comentarios:

Malù Farìa dijo...

Estoy encantada, fascinada con sus publicaciones. Congratulaciones. Estas vibrantes letras me han acompañado un buen rato en esta mi madrugada sin sueño. Gracias.

Diego Oscar Ramos dijo...

Que linda descripción lo de las letras vibrantes, muchas gracias por contarme lo que has sentido!!!