sensaciones y pensamientos


Escrituras



4.10.09

Voces humanas



Germinación de siglos


Recuerdos musicales como don de respeto ante la partida de un ícono cultural americano.




Diego Oscar Ramos


Mercedes Sosa en Argentina era el disco que acompañó el clima de regreso a la democracia y también el fin de mi escuela primaria. Recuerdo que se escuchaba mucho en la casa de la infancia, en esa época mis cintas propias eran otras, era Thriller, era Pipas de la paz, era Lionel Ritchie, era Culture Club, eran los primeros esbozos de mis escuchas intensas de Los Beatles, también era En transito, de Serrat, que era el que escuchaban los grandes, pero a mi me gustaban esas canciones, algunas más que otras. Lo cierto es que entonces se dejaba el cassette entero, de un lado y del otro, no había mp3 ni control remoto del equipo, había que adelatar adivinando el pasaje de un tema al otro, algunos equipos tenían el identificador de silencio, pero lastimaban la cinta, así que la costumbre era dejar el transcurrir entero del cassette. Y hoy podría traer toda esa época si dejo las secuencias enteras de esos temas de Serrat y los de Mercedes. Con esos dos discos, se podía respirar en el aire que había algo nuevo, quizás era la democracia, quizás era la adolescencia que se venía, quizás era el prestarle otro estado de atención a todo, a la música, a las canciones de letras que decían cosas que dejaban a los grandes con cierta felicidad o satisfacción de escuchar esas palabras, todas juntas, esas y no otras. 
Quizás era darse cuenta que la voz humana podía transformar la realidad o que los ánimos se modificaban cuando se cantaban algunas verdades silenciadas. Lo potente, para mí,  aparecía cuando lo que se cantaba iba de la mano con un placer de los sonidos. Ahí me acuerdo mucho de esa voz profunda,  abrazadora, cantando "...Arenosa, arenosita..." . Me encantaba lo que pasaba en toda la casa cuando aparecía esa canción, eran ganas de dar vuelta alredededor de la pileta, era entrar en estado de entusiasmo, era sentir en el cuerpo la alegría de una planta creciendo, era sentir el sol después de semanas de frío. Por todo eso, por la vida intensa que dejó impresa en muchas canciones, es que hoy me siento contento de que haya existido una mujer que supo darle su cuerpo a la tierra, para cantar una germinación de siglos, de la que todos nosotros nos hemos alimentado en algún momento. Gracias Mercedes!




2 comentarios:

A.L. dijo...

Querido Diego, al leer tus palabras me identificaba con ese compromiso de expresar la fortuna de haber compartido un tiempo en este peregrinaje por la tierra con alguien que fue grande. Aunque su nombre no estuviese tan presente en nuestros casetes de la adolescencia, se evidencia que La Negra consiguió amar y rodearse de amor, y allí necesariamente hay una infiltrada divinidad en acción. Gracias por representarnos, Diego, con tu artículo. Paz para Mercedes.

Alvaro Gonzalez Olascuaga dijo...

(Mi identidad me salió como A.L. porque tenía abierta otra cuenta de gmail. Abrazo Diego! Álvaro)