sensaciones y pensamientos


Escrituras



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11.1.15

Expresiones húmedas


Amor de andantes

Emociones que trazan caminos de vida entusiasta, se aparecen en una mañana levemente melancólica, para desandar las distancias y acercar los vínculos más amados a un espacio atemporal. Y sanador.


Diego Oscar Ramos(texto e imagen)




Te hablo a través de velos que se deshacen en el aire, se vuelven fuego, lenguas de viento caliente sobre tu cuerpo.



Te miro desde adentro de tu vagina, caminando entre terremotos de cualquier melancolía, por sobre las paredes húmedas de mi felicidad sin símbolos.



Te siento cercana a mis pupilas, encendidas con manos renovadas, pacientes de tus silencios, embriagadas de historias que tejemos, pedaleando tormentas de arena, contentísimos.



Te huelo las sensaciones de pacificación intuitiva, la sabiduría de ojos que miran desde un paraíso de tiempo vivido, la calma de un alma que me regala bailes acuáticos, memorables.



Te traigo al presente de lo que se reconstruye, constantemente, con barro de miel en los dedos, y la alegría sutil del andante, que reconoce a otro por sus piernas vociferantes. Y el respeto natural por los destinos propios, susurrados en noches de andanzas compartidas.



Te celebro, compañera de placeres vitales, llantos de preguntas sobre el tiempo, abrazos emotivos sobre árboles llenos de frutas, risotadas refrescantes en la casas de dragones tiernos,



Te agradezco, aventurera movediza, dibujante de seres amados, cocinera de verdades sensibles, por todo lo que descubro, cuando te escribo, y me acaricio con esa parte de tu ser que se queda siempre conmigo, despertándome.




23.10.14

Manifestaciones espontáneas


Espacios de ser



El alma se manifiesta. Y el cuerpo entero percibe la dimensión del amor, en cada poro del espíritu. Y cada célula del ánimo. 









Diego Oscar Ramos
(texto y dibujo)




De repente estamos dentro.


Y el color amarillo nos abraza, como una abuela de brazos fuertes y alma intensa.


Puede pasar en cualquier circunstancia. 

Pero es esta, la única, la eterna, la belleza de la presencia del alma, que llena todos los recovecos del sentir. 


Y nos transforma en sonrisa de niño, en entusiasmo de jugar un instante, que se manifiesta ahora, para gozar de una vida en colores cálidos y sanar vínculos, enlazar voluntades cantoras y manos amigas.

Y es así. De repente estamos adentro. 


Es una burbuja de paredes transparentes y acceso directo al cielo de mapas hermanos.


Somos parte de una escena que parece escrita con luces de fuego. Y sentidos de agua fresca.


La vivimos con paz de fluir y un andar galáctico. 


Agradecemos esto que nos está pasando, que podrá visitarse con respiración expandida, en futuros recuerdos de lo que supimos dejar ser, en tiempos de vida vivida, cuando todo lo que somos se convierte en puro ser que, por bendita gracia terrenal, apenas es.

 Y lo agradece.


3.9.14

Hipnotismos serenos




Abrazo de agua cerca
   

Un remanso de sensaciones, un hermanarse con la sensibilidad manifiesta del paisaje que nos abraza, con ímpetu calmo. Y un amor sin tiempo. 



Texto: Diego Oscar Ramos - Imagen: Emilio Costas



    Un árbol, un tiempo verde expandido en las manos, una tormenta de quietud en un abrazo, calentito y eterno. 

      Un cielo en los pies, una caminata serena, recuerdos que se arremolinan sin viento por sobre la mente, convertida en agua.

      Una tierra, un espacio rojo, que nos vuelve amigos de la vida, con todas sus pasiones, sus voces, sus sentidos.

      Una lejanía, un vacío de palabras, que es paisaje, amable y presente.

     Una memoria de lo que viene, una risa de gigante noble, un llamado del mar, con amor de padre, agitando emociones y certezas.

      Un cuerpo, un silencio de verdad sólida, una brisa salada que habla de lo que está siempre, como tesoro de contemplación que acaricia.

      Una piel, una delicia de brazos unidos, una paz de movimientos intensos, un baile de gotas curiosas,  una señal del sol sobre los ojos.

      Una consciencia, un baño de luz, una serenidad de átomos contentos, un orgasmo del alma, mojadísima y hermosa.   





10.3.14

Sensaciones


Andanzas de fuego 

Sentir, andar, percibir, soltar, imaginar, saber, construir, amar. Todo está pasando ahora, que el tiempo baila la risa del mundo. 


Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)


Es un misterioso misterio el que se expande en mis manos, con voz de soles estallando de amor de niño entusiasmado.

Es un silencio de amapolas el que me habla desde adentro del alma, extasiada como insecto ante la flor que lo llama en urgencia festiva, con promesa de polen y certeza de encuentro.

Es un intelecto renunciando al trono, el que se siente acariciado por un amanecer que nace con meditaciones eléctricas, que calman la velocidad del cardumen de pensamientos mojados. 

Es un goce de montaña amable, que acerca su cima a los pies que la celebran entregándose a la caminata porque sí, porque hay ganas, muchas, de tocar las nubes donde la paz abraza a quien la busca con pies decididos.

Es un fuego vociferante, que levanta vuelos para vestirse de ave enamorada y anunciar a los cielos que la unión es posible, que está llegando, que besará con deseo los pies de un planeta que lo llama.

Es un canto de luciérnagas en un día de lluvia, a la hora en que los mamíferos se acuestan para percibir el mundo de ojos cerrados y cuerpo abierto a los sonidos.

Es un andar de piernas fuertes, brazos acompasando la trayectoria segura y mirada expansiva, que disfruta de la lejanía y presagia hogares en el camino. 

Es una mañana que crece, que le habla a las células de este cuerpo, que se levanta, deja de escribir, ahora que dijo lo que sentía y que las palabras, todas, quieren ser movimiento. Y ya lo están siendo. 

18.1.14

Tiempos de ímpetu

Comunión de 
roce eléctrico

Las palabras bailan, de un lado a otro de los cuerpos, como adoración de lo que juntos encuentran, como signo de vida compartida.



Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)



Es así como lo sentís, aunque te agarres la cabeza al pensar en lo que es en su inmensidad impalpable, esa sensación que te expande el pecho hasta que los árboles pierden su timidez para saludarte. 

Es así como lo vivís, porque las piernas se desesperan por tomar impulso y dar una ronda tremendamente sensual por la marea de miradas sin viento con que ella te celebra, cada vez que la adorás con ojos de alfombra voladora.

Es así como llorás de goce, cuando las manos del tiempo juntos, cáliz de laberinto soleado, los dejan de piel vociferante, en días de cielos violetas y caminos con cara de bicicleta.

Es así, lo intuís con ese calor que el alma conoce en inviernos de arroparse de puro placer, con los dedos de los pies buscando tocarse para inaugurar un decirse millones de cosas, en comunión de roce eléctrico.

Es así, como lo pensás ahora, que el corazón galopa senderos conscientes y las neuronas descansan en un catre de certezas gloriosas, que vinieron sin ser llamadas, como visita inesperada de una maravilla eterna.

Es así, como te lo repetís, en escalera de disfrute de palabras que van y vienen, del sótano a la terraza, para convertir lo que parecía disperso en un bloque de calidez que querés habitar para siempre.

Es así, como se manifiesta en su potencia arrasadoramente ordenadora, atrapando sentidos que pueden estar disponibles, pero precisan de esa atención de insecto enamorado de las flores para que se vuelva presencia real, con ímpetu de baile intenso. 


Es así, como lo dibujan los brazos en alto, en el cuarto repleto de gotas de música, invocando un leve caos, calentito y amigable, que enaltece con suavidad esos pasos de danza espontánea, signo de entusiasmo compartido.

  
Es así, te das cuenta, cuando sus dedos te hacen más hermoso y tu vientre la desnuda de miedos, con esa inmediatez de lo que actúa con la gracia de la naturaleza y la verdad de lo que brota sin espacios de duda, con la voz del instinto y las caricias de lo que se elige con el alma.   


17.10.13

Ojos bien abiertos


Aceptar la certeza


Soñar despierto. Despertar del sueño. Tomar los tesoros que llegan con fluidez, ahora.






Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)



El bienestar de lo que nace despierto, se me apareció, con la desnudez del asombro en las manos y me miró sin sonidos.

Qué hacer entonces, creo que creí, en forma de pregunta que guardé, como homenaje al silencio con que me bañé, para que mis ojos estuviesen bien abiertos.

El bienestar esperó con la calma de las palmeras bien tranquilas, esas que no invocan tempestades para divertirse, hasta que me tuvo cerca, levemente impaciente.

Qué decir entonces, siento que sentí, con el formato de la duda haciendo su aparición estelar, justo en la mañana de las certezas calientes.

El bienestar me agarró de las manos, aprovechando la distracción del estado dubitativo, para que quedara bajo el influjo hipnótico de sus ojos rojos.

Qué bondad que percibí, qué mareo comprometedor, qué descanso para la mente, llena de agua salada, sonidos de mar y un ardor suave de arena.

El bienestar apretó, con firmeza, sin una pizca de agresión, mis manos y me trajo con velocidad arremolinada al lugar donde el aire entraba a mis pulmones, con intención, sin pensamiento.

Qué abrazo que me ofrecí y acepté, en concordia absoluta con el corazón de todos los tiempos ya habitados, como pacto de amor, instintivo, nacido y criado con aliento apasionado.

El bienestar abrió sus brazos, trajo hacia mí todos los dones del mundo que sabían de mi alma, esperó a que amainaran los temblores con que mi cuerpo comprendió la ofrenda y apoyó sobre mi pecho mis propias manos, libres de toda duda. 




2.10.13

Percepción nocturna



El vientre de la belleza

En un ahora mítico, un ser humano descubre pretéritos mensajes, que ya le venían anunciando la llegada de una luna nueva, fuente de caudalosa limpieza.



Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)




Estabas ahí, eras madre, eras hija, eras amante que me hablaba con palabras de escritura erótica, que acaricia antes de llegar a un éxtasis que es de color amarillo. Y es una mano que va directo al pliegue de los momentos dulces, donde las ideas se desvanecen, o se acurrucan para ser amadas en la parte más carnal de su espesura.

Estabas ahí, lo siento ahora, que vi los horizontes de tus símbolos, donde el sol se viste de reinado que zigzaguea, en un mareo alcoholizado por sobre el mar, en una retirada épica de hombres lobo cuando la luna se aleja. Y la niebla camina por los campanarios que anuncian la llegada de seriedades diurnas.

Estabas ahí, lanzando palomas al cielo con algunos de mis nombres, para que dejaran mantras entre las plantas con las que hablo, cuando sé que las palabras tienen la clave para comunicar los sentidos del silencio.

Estabas ahí, sincronizando estelas de una barca que alguna vez nos cruzaría hacia espacios donde la noche se ilumina con autos veloces, en apuro mudo para nuestras apetencias de amor con potencia humana, en esa ruta de inquietudes. Y cosquilleo en el vientre de la belleza.

Estabas ahí, cuando la niebla convertía en siluetas que iban y venían, a todas las voces que traían cartas de vértigo, para desayunarme de verdades con cara de terremoto, que ahora agradezco con sonrisa de herejía y paciencia de anciano de una tribu que acepta y honra lo desconocido.

Estabas ahí, en un rincón donde los gatos miran realidades con tibieza de lluvia, dibujando armonías en colores estridentes, para que me diera cuenta de que todos esos abrazos de pan caliente eran para mi cuerpo.

Estabas ahí, eras la niña de los árboles, la mujer de las flores, la anciana de las semillas, soplando vientos de música viva por sobre los tejados donde mi nocturnidad dejaba marcas, para que pudieran alcanzarme, cálidos.

Estabas ahí, hembra humana, lanzando una gota feroz sobre mi cabeza, para llegar como cascada eléctrica al punto preciso donde mi mente abandona su ímpetu de marquesa despótica, para bailar tranquila este vals del renunciamiento, que desacomoda cualquier orden que pueda ser mortaja polvorienta. Y deja que las tripas vociferen amores mansamente perturbadores, entre animales con ojos clavados en un horizonte que saben misterioso. Y muy deseable.


3.9.13

Sensaciones

Dulce espesor de lo real



Palabras de trueno, para desentumecer las percepciones dormidas. Y vivir en estado de caricia eléctrica. 


Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)


Están ya del otro lado, cruzaron el puente. Lo habían buscado, lo habían planeado, alguna vez, hace tanto, tal vez. Y están ahí, ahora, subidos a la torre de las sensaciones tibias, esas que atraviesan los sentidos, todos, como una hermosa brochette que los mantiene suspendidos en un plano celestial terrenal, dados vuelta, dejando que la vida les acaricie la panza, como perros contentos, entregados con confianza. 

Están abrazados al calor de un cuerpo que ya no se distancia ni se espeja, sólo se complementa, se integra, se desintegra, se rearma, se estremece, se convierte en carne de otra carne, en belleza que se mira con las manos en estado de firmeza y levedad, amando la electricidad que los dibuja con llamaradas susurrantes y recorre sus columnas vertebrales, vociferante.

Están escuchando la música de una ciudad que los cobija con la luz de un amanecer que es madera crujiente, fuego excitante en una salamandra noble, ojos que se recuestan dentro de la frente, para besar cada neurona, con potencia de juego y amor de planta selvática.

Están pedaleando en una oscuridad llena de estrellas, que los guía con sugerencias de recorrido, con leves palabras de aliento y un regalo de certeza que calienta las tripas y da fuerza a las piernas para andar la vida, con emoción de seguridad constante y entusiasmo de sorpresa continua.

Están sintiéndose, acompañándose, desentumeciéndose, amasándose con pericia de quien construye un mundo cálido, apenas con las ganas de que todo sea nutritivo, integral y verdadero. Y el alma dispuesta a que todo lo que se haya pensado como posibilidad, sea un hecho concreto, palpable, real.

Están vivos y el agua del tiempo los bendice con códigos nuevos, que se despliegan en sus voces, cuando despiden sonidos adorables, que bailan en el cielo, unidos al alimento vital que los niños saben ver, cuando refriegan sus ojos en intuición mágica y se entregan al hipnotismo de ver danzar el universo en su pantalla de párpados cerrados frente al sol.

Están ya del otro lado, cruzaron el puente. Y caminan, corren, juegan, con la seriedad de un monje erótico, que ríe a carcajadas y se llena de silencio, que salta los muros y aleja tempestades, para llevarlas donde deban ser fruto de algo diferente, que aquí ya aconteció, como goce de un instante, solar, donde los pechos se llenan de proteínica inconsciencia, para hacer la vida. Y amarse.


   

22.6.13

A tiempo



Está siendo


Un sueño nos despierta con dos o tres palabras que se repiten. Y una imagen que hace nacer un cardumen de sensaciones flotantes.



Diego Oscar Ramos
(texto e imagen)


Un día será el día, en que todas las piedras que los niños arrojen al agua den más de un salto antes de hundirse, los ojos sorprendidos del baile pedruno sonreirán con entusiasmo y las manos que los acaricien les darán confianza eterna.

Un día será el día, en que cada hora apenas sea una hora, sin relojes observados con apuro que hagan que cada segundo sea una necesidad de pasar, de seguir pasando, de que por favor pase, para que un minuto en la vida de cualquiera sea una gracia y nunca más un padecimiento.

Un día será el día en que los hermanos estarán hermanados, los padres apadrerados y los abuelos abuelados, todos seguros de sentirse queridos desde el primer rayo del sol hasta que la luna se meta en los sueños, besando de blanco las mejillas adormecidas, ahora tibias.

Un día será el día, en que los pájaros harán nido en cada rama que los elija para ser parte de lo que vivan, cada tarde de sol sobre los árboles y toda mañana de lluvia sobre las hojas que se mueven, siempre, pero mucho menos cuando tienen que proteger a las criaturas que pronto volarán para ser cielo.

Un día será el día en que las lombrices irán, una a una, haciendo túneles por el asfalto de las ciudades, dibujando adoquines en cada calle, ofreciendo aire a los pies que caminan esos veranos que incendian los andares.

Un día será el día en que todas las palabras serán parto feliz, tranquilo, placentero, de conversaciones frescas, alimenticias, sabrosas, que llegarán al paladar como frutas maduras, en su punto justo, jugosas, apetitosas, bellas.

Un día será el día, en que ya no se hablará nunca más del futuro, de pasos que están adelante o conquistas que insuman mucho pensamiento y todos nos vestiremos de nubes, sin rayos, que navegan por fin la tierra, sutiles, resplandecientes, tranquilizadoras. Y eternamente presentes.  


2.2.13

Transformaciones

Sé que están bien 





Palabras que llegan, una a una, para transmutar en calma, lo que la vida enseña con dolores y partidas.


Diego Oscar Ramos 




Para mi madre y mi padre




Es ahora. Todo el tiempo se construye en este momento lleno de momentos, adentro de adentros, con todos los segundos que se amontonan en el salto que transforma una lágrima en sonrisa. 

Es ahora, cuando la vela que prenderé para rezar por el alma de mis padres ya está iluminando lo que siento, igualando en ese balanceo de la llama con el viento lo que está pasando por dentro, esa mezcla de certeza con dolor, de calma con turbulencia.

Es ahora, en este temblor de las tripas y en esta claridad que percibo en el centro de mi frente, que juegan solemnes algunos sentires, con risotada de duendes y delicadeza de ranas en un estanque de oro.

Es ahora, impactado por la potencia de lo que es como es, que me enfrento al silencio feroz de una casa con ausencias. Y al mismo tiempo sé que habrá paz, que nacerá de una transformación.

Es ahora, con el cuerpo bendecido por el agua, que miro a los ojos a la vida, le digo que estoy preparado, para que los caminos que sean para mí los llegue a recibir con gracia, determinación y alegría.

Es ahora, en este mismísimo segundo donde las palabras nacen, que junto en una bolsa resistente cada movimiento insensible que haya salido de mis pasos. Y lo arrojo con ojos colorados al sitio que la energía sabia que organiza las cosas destina a toda acción que haya causado dolor.

Es ahora, cuando la potencia de la partida devastadora de quienes me dieron vida ha dejado huellas en el alma dolorida, que le hablo a la fuerza que hace crecer las plantas. Y le agradezco todo lo aprendido, además de pedirle más de una tormenta que lave poco a poco las tristezas.

Es ahora, que pude acompañar con dulzura y firmeza el pasaje de quien me trajo al universo al otro plano, que quiero tener como regalo la atención más plena. Para andar siempre con un cuidado que sepa ser amigo de la aventura y compañero cariñoso de la sensibilidad más humana. 

Es ahora, que aprendo con urgencia los dones del estar muy presente en todo lo que pasa, que aprecio una calma que conozco desde niño y la siento como uno de los tesoros más poderosos que me han dado al nacer. Gracias entonces a mis padres, que se entregaron al impulso irracional y hermoso de traerme a la vida. Y pocos años después hicieron lo mismo con mi hermano. 

Y es ahora, cuando la magia y el sentido de la existencia se manifiestan aún en los instantes más dolorosos, que entrego esa parte del cerebro que se embriaga con preguntas interminables y me convierto en sensación impetuosa de vitalidad, para ser quien vine a ser. Y sentir mucho más, todo.   

26.7.12

Despertares


¡Por fin te encuentro!

Tiempos de palabras que entusiasman, con el cuerpo en el aire. Y el alma en la tierra.


Diego Oscar Ramos


Carta para el que soy. En un futuro que se abre en este instante de floración.


Hay un sonido que se expande desde el punto más central de la médula. Y una pureza que me espera en la puerta.


Carta para el que se ríe de noche, cuando ve faroles que se acarician con la neblina y dejan espacios de bonita confusión, en luces y sombras que se pliegan, sin temor al desvanecimiento.


Hay una paloma que se apoya en el borde del abismo, con alas limpias y el pico en alto. Mis ojos la miran, cerca del calor sedoso de saberme presente.


Carta para el que está siendo. En un ahora que tiene millones de células latiendo y una percepción del camino que nace para pies con zapatos despiertos. Y el alma lista.

18.3.11

Rituales de agua

Abrazo de sal


Juntos, sintieron que las voces del mar los llamaban. Y aceptaron el bautismo húmedo.








Diego Oscar Ramos




En la mañana en que los anillos llegaron a su puerta, se levantó con las primeras gotas del sol. Se afeitó con todo el jabón que encontró, miró la última arruga en su alegría nueva y abrió los brazos.

Desnudó de roces viejos la camisa más amable, plantó semillas, como lo habían indicado en el local de los árboles fieles, antes de diseñar las entradas y salidas de un laberinto húmedo.

Todos los pasos coincidieron con la memoria de lo que llegó dictado, con mapas e ilustraciones, en los sueños con bruma dulce. Entonces sintió que era momento para dedicarse un minuto lúcido en su juego con espadas de agua.

Miró al cielo del mediodía tibio, mojó sus dedos en la hierba,  olió el ímpetu caluroso de los ánimos veraniegos. Y tomó la mano de la mujer de tules violetas.

Con signos de albahaca entre los dedos, dejó que el aroma a hierba fraterna dibujara un marco delicado. Y penetró suave en el idioma de los deseos femeninos.

Se conjugó al instante una protección perfumada, un conjuro de palabras de néctar y caricias de seda, bajo la sombra sabrosa de cientos de uvas frescas.

Cuando supieron que era el tiempo, alejaron nubes de tormenta con ojos de firmeza y caminaron hacia el mar, en silencio.

En los bordes del mundo, dejaron que la sal brillara en sus pies, miraron al cielo con ojos de pez y se arrodillaron juntos, entregando su orgullo a las aguas. 


1.5.10

Arte y gratitud

Tempo, tempo, tempo

Sensaciones de eternidad y agradecimiento, por la belleza y el don de verdad regalado en tantas canciones de Caetano Veloso, escritas a horas de su primer recital al aire libre en Buenos Aires.

Diego Oscar Ramos (texto y foto)

   Hace muchos años que tu voz me habla, directamente, como una fuente de sensaciones que llegan, que nacen, que van y vienen. Desde la primera vez que realmente presté atención a ese don de la naturaleza que se da en algunas tantas de tus canciones, cuando más directamente pareces estar alineado, como en un riel por donde tu mente, tu sensibilidad, tus intenciones y tu expresión van unidas, provocando un remolino de aguas amables en quien te escucha cantar.
   Hace muchos años que tu voz nos habla, a muchos, haciendo que sintamos un tatuaje interno, una marca precisa en el corazón que se sabe llamado a hacerse presente en la vida, para ser mejores seres humanos, buscando andar sobre los rieles de la integración, para dejar que la cabeza sea apenas una herramienta de nuestra caminata segura, por lugares que nos hagan bien, que nos ofrezcan bendiciones constantes, disponibles, observables, eternas.
   Hace muchos años, podría contarlos, pero son tantos y tan pocos, que han pasado a estar en un almanaque mutante, que hace que pueda marcar etapas de mi vida, movedizas, cambiantes, a partir del diálogo que se iba estableciendo con esas canciones, de esos discos, de esos momentos tuyos donde las transformaciones, los estilos, los experimentos, estaban siempre como haciendo una ronda alrededor de un centro inobjetable, certísimo, que se da en esa hermandad de la voz que canta con calma con un cerebro que emite pensamientos vertiginosos, constantes.
   Hace años que te vengo escuchando, leyendo, cantando, con un placer que ha sabido crecer en todos los momentos en que no hay acuerdo tan directo entre algunas de tus exploraciones musicales y las expectativas de goce que crecen en uno con los seres a los que les abrimos líneas naturales de comunicación. Porque siempre, sea cual sea la forma que le estés dando a tus impulsos creativos, seguramente habrá un instante de los discos o los conciertos donde pueda percibir mis propias maneras de sentir todas las maravillas que nos ofrece la vida a través del placer con que traduzco en mí algunas vibraciones de tu voz y la manera en que lográs que lo que la rodea nazca como prolongación de tus intenciones, ya sea tu propia guitarra, una orquesta o sonidos grabados de la ciudad que se conviertan sin rebeldía alguna en habitantes de tu música.
   Hace años que siento que, sea donde sea que vayan mis búsquedas, mis determinaciones, mis caminos de expresión o mi propio cuerpo andante, guardaré y soltaré todo lo que aprendí de la vida y de mi mismo a través de tantas de tus canciones, las que me hablaron de la posibilidad humana de estar en comunicación con los espíritus danzantes de la belleza, las que me susurraron que la magia de las cosas está en un oído que se entrega a las percepciones que le son dadas como un don, las que me mostraron que hay tanta verdad en cantar las palabras que nacieron de un impulso interno como aquellas que tomamos como nuestras por habernos apasionado por una forma del decir que podría haber crecido de nuestra humanidad sorprendida.
   Hace años que tengo certeza que el tiempo nos acaricia, con sus formas hipnóticas de  hacernos ver que todo cambia y todo permanece, que las paradojas son sal en la que nunca se transformarán los cuerpos de los que miran hacia el centro de sí mismos, para dar saltos por arriba de los laberintos y abrazarse al mundo que nos quiere vivos, brillantes y serenos. Porque siento que las canciones pueden ser la plataforma donde podemos dar unos cuantos saltos, festejo aquí mismo la existencia de aquellas tantas músicas tuyas, que te han hecho saltar también, para mirar todo desde alturas increíbles, sin perder nunca el sentido único, poderoso, de estar en la Tierra.